La piscina de Betesda

En Juan 5:1-9, el apóstol relata la historia de un hombre que había estado discapacitado por treinta y ocho años, esperando junto a la piscina cerca de la Puerta de las Ovejas en Jerusalén. El texto describe multitudes de enfermos que se reunían allí, esperando ser sanados cuando las aguas se agitaban. Algunas versiones de la Biblia, incluyendo la NASB 1995, añaden la explicación de que un ángel del Señor descendía y agitaba las aguas, y el primero que entraba después era sanado.
La dificultad es que los versículos 3b-4 no aparecen en los manuscritos griegos más antiguos y confiables. La mayoría de los eruditos coinciden en que esta fue una adición posterior de los escribas destinada a aclarar por qué la gente estaba acostada alrededor de la piscina. Los estudios arqueológicos de la Piscina de Betesda confirman que era una estructura de doble estanque con manantiales intermitentes. El burbujeo del agua fue muy probablemente un fenómeno natural que se convirtió en la base de una tradición local sobre la actividad angelical.
Existen dos puntos de vista principales: algunos sostienen que la agitación fue verdaderamente milagrosa, una manera única en que Dios proporcionó sanidad, similar a la serpiente de bronce en Números 21 o al lavado de Naamán en el Jordán (2 Reyes 5). Otros argumentan que era una creencia cultural, una pieza del folclore judío que asociaba acontecimientos naturales con la intervención angelical. Si es así, Juan no está respaldando la historia sino simplemente reportando lo que la gente creía, como se ve en las palabras del enfermo: "No tengo a nadie que me meta en el estanque cuando se agita el agua" (Juan 5:7).
El punto más importante de Juan, sin embargo, no es si un ángel agitó la piscina, sino que Jesús mismo es la verdadera fuente de sanidad. El hombre que no pudo ganar la carrera hacia el agua encontró integridad inmediata a través de la palabra de Cristo.
La lección de hoy es que muchos aún ponen su esperanza en supersticiones, rituales o equivalentes modernos: adivinos, cristales de sanación o esquemas de prosperidad, creyendo que estos traerán alivio o bendición. El evangelio nos recuerda que la verdadera sanidad, ya sea del cuerpo o del alma, no proviene de invenciones humanas ni de lugares místicos, sino del poder de Jesucristo.
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- Carson, D.A. El Evangelio según Juan. Eerdmans, 1991.
- Kostenberger, Andreas. Juan. Baker Exegetical Commentary on the New Testament, 2004.
- Keener, Craig S. El Evangelio de Juan: Un Comentario. Hendrickson, 2003.

