Un lamento por Jerusalén

En Lucas 19:41-44, cuando Jesús se acercaba a Jerusalén por última vez, lloró por la ciudad. Sus lágrimas no eran por Él mismo, sino por el pueblo que lo había rechazado como Mesías. Él previó lo que su dureza de corazón traería: destrucción, desolación y juicio. "Porque vendrán días sobre ti en que tus enemigos te levantarán un vallado, y te rodearán, y te cerrarán por todos lados" (Lucas 19:43).
Cumplimiento de la profecía
La historia registra que esta profecía se cumplió en una generación, exactamente como Jesús dijo (Lucas 21:32). En el año 70 d.C., las fuerzas romanas bajo el mando de Tito sitiaron Jerusalén. La ciudad fue rodeada, asediada y finalmente destruida. Josefo, el historiador judío, describe la devastación con detalles desgarradores: cientos de miles perecieron, el Templo fue incendiado y la ciudad arrasada. El lamento de Jesús resultó ser tanto una profecía como un testimonio de Su autoridad divina.
La destrucción de Jerusalén no fue simplemente una desgracia política. Fue el juicio de Dios sobre una nación que había rechazado a su Mesías. El Antiguo Pacto llegó a su fin visible; el Templo, los sacrificios y el sacerdocio, todas sombras que apuntaban a Cristo, fueron eliminados. El reino de Dios, que una vez estuvo representado en las instituciones de Israel, fue transferido a la iglesia, el verdadero Israel compuesto tanto por judíos como por gentiles (Gálatas 6:16; Efesios 2:11-22).
El papel de Israel después del año 70 d.C.
Desde una perspectiva amilenial, las Escrituras no prevén un futuro reino terrenal centrado en el Israel nacional. En cambio, el pueblo judío cumple un papel paradójico en la historia de la salvación después de su rechazo a Cristo. Pablo explica este misterio en Romanos 9-11. Por un lado, la incredulidad de Israel trajo juicio y un "endurecimiento en parte" (Romanos 11:25). Por otro, su resistencia abrió la puerta para que los gentiles recibieran el evangelio.
Desde entonces, la nación judía ha sido un testigo constante pero negativo de Cristo. Su existencia continua, a pesar de la dispersión y la persecución, es en sí misma notable. Sin embargo, esta supervivencia está marcada por la ceguera espiritual hacia el mismo Mesías que esperaban. Como escribió Pablo, "hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, un velo cubre su corazón" (2 Corintios 3:15). Su rechazo a Cristo confirma la verdad de Su venida.
Esperanza y retorno
Esto no significa que el pueblo judío esté fuera de la misericordia de Dios. El evangelio es "poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al judío primeramente y también al griego" (Romanos 1:16). Los judíos individuales, como todas las personas, pueden llegar a la fe en Cristo y ser injertados de nuevo en el verdadero olivo (Romanos 11:23-24). Pero no hay un pacto separado, ni un reino milenario futuro reservado para Israel como nación. La iglesia es el único pueblo de Dios, esperando el regreso de Cristo.
Conclusión
El lamento de Jesús sobre Jerusalén nos recuerda la seriedad de rechazarlo. También revela el patrón más amplio de la historia redentora: la caída de Israel trajo el evangelio a las naciones, y su incredulidad continua es un testimonio silencioso de la primera venida de Cristo. Hasta que Él regrese, su historia sigue siendo una señal de advertencia para el mundo. Pero cuando Él regrese, todo ojo—incluido el de Israel—lo verá, y toda rodilla se doblará ante el Rey que una vez lloró por su pueblo.
- ¿Por qué lloró Jesús sobre Jerusalén y qué revela esto sobre su carácter?
- ¿Cómo se cumplió la profecía de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C.?
- ¿De qué manera sirve el pueblo judío como testigo de la venida de Cristo, aun en la incredulidad?
- ChatGPT (OpenAI)
- Josefo, La guerra de los judíos
- William Hendriksen, Comentario del Nuevo Testamento: Lucas
- Anthony Hoekema, La Biblia y el futuro

