Jesús: Señor de todo

By: Mike Mazzalongo     Posted: agosto 2015
En esta sección del Evangelio de Marcos, el autor describe cuatro poderosas situaciones en las que los testigos del poder de Cristo creen en Él como Señor y Salvador.

En nuestro estudio del evangelio de Marcos hemos visto que Jesús ha empezado a demostrar Sus habilidades y naturaleza divina a través de Sus enseñanzas y milagros. Las reacciones que tienen las personas comunes y el liderazgo judío a Él son fuertes pero variados, algunos creen, otros son escépticos y muchos entre el liderazgo se tornan agresivos. Marcos describe siete instancias en que estos escribas y fariseos acusan a Jesús de varios pecados incluyendo posesión demoníaca. Después de estas confrontaciones Jesús continúa enseñando a Sus discípulos, pero con parábolas para evitar alborotar las multitudes.

En los siete encuentros previos descritos por Marcos había escepticismo e incredulidad, incluso acusaciones. En esta sección, Jesús interactuará con grupos de personas quienes observan Su poder y responden con creerle. Para estas personas Jesús no es solamente un gran maestro y obrador de milagros, llega a ser el Señor de situaciones desesperanzadas.

El Señor de la naturaleza

35Ese día, caída ya la tarde, les dijo: Pasemos al otro lado. 36Despidiendo a la multitud, le llevaron con ellos en la barca, como estaba; y había otras barcas con Él. 37Pero se levantó una violenta tempestad, y las olas se lanzaban sobre la barca de tal manera que ya se anegaba la barca. 38Él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; entonces le despertaron y le dijeron: Maestro, ¿no te importa que perezcamos? 39Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: ¡Cálmate, sosiégate! Y el viento cesó, y sobrevino una gran calma. 40Entonces les dijo: ¿Por qué estáis amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? 41Y se llenaron de gran temor, y se decían unos a otros: ¿Quién, pues, es este que aun el viento y el mar le obedecen?

Después de una serie de enseñanzas y sanaciones milagrosas, Jesús sale en un barco con Sus apóstoles en el Lago de Galilea. Cansado por Su trabajo, se duerme en un cojín. Surge una tormenta que amenaza con hundir su barco. Debe haber sido una tormenta bien feroz porque todos son pescadores con experiencia, acostumbrados al tiempo sobre este lago. No lo despiertan para pedirle Su ayuda (después de todo, ¿qué sabría un carpintero o un rabí de zarpar en una tormenta?), lo despiertan porque Él está durmiendo y creen que están a punto de morir.

Al despertar, Jesús calma la mar con una sola palabra y les reprende por su temor y poca fe. Este milagro los deja boquiabiertos. Ellos no tenían ningún poder sobre la tormenta y estaban a merced de ella. Sin embargo, al obrar este milagro Jesús demuestra que tenía autoridad sobre los elementos de la naturaleza. Su conclusión tácita era que solo Dios podía controlar la naturaleza y ellos acaban de ver a Jesús obrar esta hazaña.

El Señor del mundo espiritual

1Y llegaron al otro lado del mar, a la tierra de los gadarenos. 2Y cuando Él salió de la barca, enseguida vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, 3que tenía su morada entre los sepulcros; y nadie podía ya atarlo ni aun con cadenas; 4porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie era tan fuerte como para dominarlo. 5Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y en los montes dando gritos e hiriéndose con piedras. 6Cuando vio a Jesús de lejos, corrió y se postró delante de Él; 7y gritando a gran voz, dijo: ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te imploro por Dios que no me atormentes. 8Porque Jesús le decía: Sal del hombre, espíritu inmundo. 9Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y él le dijo: Me llamo Legión, porque somos muchos. 10Entonces le rogaba con insistencia que no los enviara fuera de la tierra. 11Y había allí una gran piara de cerdos paciendo junto al monte. 12Y los demonios le rogaron, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. 13Y Él les dio permiso. Y saliendo los espíritus inmundos, entraron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se precipitó por un despeñadero al mar, y en el mar se ahogaron. 14Y los que cuidaban los cerdos huyeron y lo contaron en la ciudad y por los campos. Y la gente vino a ver qué era lo que había sucedido. 15Y vinieron a Jesús, y vieron al que había estado endemoniado, sentado, vestido y en su cabal juicio, el mismo que había tenido la legión; y tuvieron miedo. 16Y los que lo habían visto les describieron cómo le había sucedido esto al endemoniado, y lo de los cerdos. 17Y comenzaron a rogarle que se fuera de su comarca. 18Al entrar Él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que lo dejara acompañarle. 19Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho por ti, y cómo tuvo misericordia de ti. 20Y él se fue, y empezó a proclamar en Decápolis cuán grandes cosas Jesús había hecho por él; y todos se quedaban maravillados.

Al llegar al otro lado inmediatamente se encuentran con un hombre endemoniado. Jesús había expulsado espíritus malignos en el pasado, pero esto no impactó a algunas personas porque los sacerdotes y fariseos también lidiaban con casos similares. Sin embargo, esta vez Marcos describe a un hombre poseído por muchos demonios, (una legión) que no había encontrado quién lo sanara o sujetara. Una vez más, Jesús lo sana con una simple palabra y los demonios salen.

Esta sanación en particular tiene algunas características interesantes:

  • Jesús conversa con los demonios. Probablemente lo hizo para demostrar al hombre y a Sus propios discípulos que Él sabía cuál era el problema y que no tenía temor.
  • Jesús manda a los demonios a unos cerdos que estaban en los alrededores, quizá para asegurar al hombre que efectivamente los demonios habían salido de él y se encontraban en otro lugar físico.
  • Hay quienes afirman la que destrucción de los cerdos es un desperdicio, pero la vida de un hombre vale más que una piara de cerdos.

Las personas del pueblo están enojados y asustados. No demandan compensación por los cerdos, simplemente quieren que Jesús salga de allí. Es triste observar que no podían ver más allá de la destrucción de los animales para entender lo que acaba de pasar.

El hombre está completamente cuerdo, vestido y tranquilo después de años de locura y aflicción. Jesús está por salir y el hombre lo quiere acompañar, pero el Señor le dice que debe ir a Decápolis (la región de diez ciudades) y proclamar la noticia de su sanación. Más adelante, Jesús volverá a esta región y se encontrará con grandes multitudes en gran parte porque este hombre había vuelto a su casa y había contado de su sanación.

Jesús, después de demostrar que Él tenía poder sobre el mundo natural, les demuestra a Sus discípulos que también tiene poder sobre el mundo espiritual. Él vence a la naturaleza en el mundo exterior y vence a los demonios en el mundo interior. El lector se queda con la conclusión de que, si solo Dios tiene el poder sobre la naturaleza y los demonios, entonces Jesús debe ser divino.

El Señor sobre la enfermedad

21Cuando Jesús pasó otra vez en la barca al otro lado, se reunió una gran multitud alrededor de Él; así que Él se quedó junto al mar. 22Y vino uno de los oficiales de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle se postró a sus pies. 23Y le rogaba con insistencia, diciendo: Mi hijita está al borde de la muerte; te ruego que vengas y pongas las manos sobre ella para que sane y viva. 24Jesús fue con él; y una gran multitud le seguía y le oprimía.

25Y una mujer que había tenido flujo de sangre por doce años, 26y había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno, sino que al contrario, había empeorado; 27cuando oyó hablar de Jesús, se llegó a Él por detrás entre la multitud y tocó su manto. 28Porque decía: Si tan solo toco sus ropas, sanaré. 29Al instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba curada de su aflicción. 30Y enseguida Jesús, dándose cuenta de que había salido poder de Él, volviéndose entre la gente, dijo: ¿Quién ha tocado mi ropa? 31Y sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te oprime, y dices: «¿Quién me ha tocado?». 32Pero Él miraba a su alrededor para ver a la mujer que le había tocado. 33Entonces la mujer, temerosa y temblando, dándose cuenta de lo que le había sucedido, vino y se postró delante de Él y le dijo toda la verdad. 34Y Jesús le dijo: Hija, tu fe te ha sanado; vete en paz y queda sana de tu aflicción.

Marcos cuenta dos historias aquí simultáneamente, cada una mostrando la preocupación y el poder de Jesús. Primero, Jesús se encuentra con un oficial de la sinagoga (un ministro en terminología actual) cuya hija está tan enferma que está al punto de la muerte. Le ruega a Jesús venir a sanarla. Jesús accede acompañarlo, pero en camino es interrumpido por una mujer quien toca Su manto en secreto con la esperanza de ser sanada de su propia enfermedad.

Esta mujer sufría de una hemorragia continua de su útero. Su condición la había llevado a la bancarrota y, de acuerdo con la ley ceremonial judía, no la permitía asistir al templo para adorar porque era considerada como ceremonialmente "impura". La mujer es sanada inmediatamente, pero Jesús insiste en que ella reconozca públicamente su enfermedad, lo que había hecho, y los resultados. La razón por esto era para declarar el milagro públicamente, y para verificar que estaba sana y que podía volver a adorar en el templo.

Esta era una enfermedad que no había sido tratada por años; no era mental ni espiritual (p. ej. posesión demoníaca); era exclusivamente femenino; y Jesús la sana sin una sola palabra. En esto vemos que Su Señorío se expresó por Su mera presencia.

El Señor sobre la muerte

35Mientras estaba todavía hablando, vinieron de casa del oficial de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto, ¿para qué molestas aún al Maestro? 36Pero Jesús, oyendo lo que se hablaba, dijo al oficial de la sinagoga: No temas, cree solamente. 37Y no permitió que nadie fuera con Él sino solo Pedro, Jacobo y Juan, el hermano de Jacobo. 38Fueron a la casa del oficial de la sinagoga, y Jesús vio el alboroto, y a los que lloraban y se lamentaban mucho. 39Y entrando les dijo: ¿Por qué hacéis alboroto y lloráis? La niña no ha muerto, sino que está dormida. 40Y se burlaban de Él. Pero Él, echando fuera a todos, tomó consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con Él, y entró donde estaba la niña. 41Y tomando a la niña por la mano, le dijo: Talita cum (que traducido significa: Niña, a ti te digo, ¡levántate!). 42Al instante la niña se levantó y comenzó a caminar, pues tenía doce años. Y al momento se quedaron completamente atónitos. 43Entonces les dio órdenes estrictas de que nadie se enterara de esto; y dijo que le dieran de comer a la niña.

Marcos continúa la narrative con la historia de la hija del líder de la sinagoga. Llega la noticia que ella ha muerto, el padre pierde la esperanza y está listo a resignarse a este hecho. Jesús le ofrece una esperanza renovada al animarle a creer y no temer. Cuando Él llega a la casa, se encuentra con los lamentadores profesionales entre la gente y se burlan de Él cuando anuncia que la niña no está muerta sino simplemente dormida. Jesús permite que solamente quienes creían lo acompañen (los apóstoles y padres) para observar este gran milagro. De nuevo, Marcos demuestra el señorío de Jesús sobre otro enemigo poderoso del hombre: la muerte misma.

Estos cuatro episodios establecen a Jesús como quien tiene poder divino para vencer aquellas cosas sobre las cuales tradicionalmente el hombre tenía poca o nada de control: la naturaleza, el mundo espiritual, la enfermedad y la muerte. La única conclusión que nos queda es que solo Dios puede tener y demostrar este tipo de poder, por ende ¡Jesús debe ser divino!

La expansión del ministerio de Jesús — 6:1-56

Hasta ahora en su evangelio, Marcos está describiendo instancias aisladas de las prédicas y los milagros de Jesús, y las varias reacciones a estos. Sin embargo, con tiempo, Su ministerio empieza a expandir y Marcos describirá este desarrollo junto con la reacción de la gente a la fama creciente de Jesús.

El pueblo donde Jesús se crio

1Él se marchó de allí y llegó a su pueblo; y sus discípulos le siguieron. 2Cuando llegó el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos que le escuchaban se asombraban, diciendo: ¿Dónde obtuvo este tales cosas, y cuál es esta sabiduría que le ha sido dada, y estos milagros que hace con sus manos? 3¿No es este el carpintero, el hijo de María, y hermano de Jacobo, José, Judas y Simón? ¿No están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban a causa de Él. 4Y Jesús les dijo: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa. 5Y no pudo hacer allí ningún milagro; solo sanó a unos pocos enfermos sobre los cuales puso sus manos. 6Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos.

Las noticias de Sus enseñanzas y milagros llegan al pueblo donde Jesús se crio antes de que Él mismo llega. La gente responde con escepticismo (¿cómo puede alguien de aquí hacer tales cosas?). Incluso mencionan que Jesús es el hijo de un carpintero local y que es uno de varios hijos en una familia conocida del área. Esta vez es Jesús quien se asombra de la incredulidad del pueblo y por ende no obra muchos milagros allí pero sí continúa enseñando en sus sinagogas. Fue mandado a predicar las buenas nuevas y lo hace sin el acompañamiento de milagros.

Envío de los doce

7Entonces llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos; 8y les ordenó que no llevaran nada para el camino, sino solo un bordón; ni pan, ni alforja, ni dinero en el cinto; 9sino calzados con sandalias. No llevéis dos túnicas 10—les dijo— y dondequiera que entréis en una casa, quedaos allí hasta que salgáis de la población. 11Y en cualquier lugar que no os reciban ni os escuchen, al salir de allí, sacudid el polvo de la planta de vuestros pies en testimonio contra ellos. 12Y saliendo, predicaban que todos se arrepintieran. 13Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.

Hay mucho que hacer y Él solo puede estar en un lugar a la vez así que Jesús envía a Sus apóstoles para replicar Su ministerio:

  • Les da la habilidad de obrar milagros.
  • Les manda a predicar.
  • Les da instrucciones sobre su conducta y ministerio.
    • Él les proveerá así que no deben llevar suministros extras.
    • Deben vivir en el lugar que los acoge. No deben mendigar de puerta en puerta.
    • Si son rechazados, deben salir.

Esta es una etapa importante de su capacitación para su futuro ministerio como apóstoles.

Jesús y Herodes

14El rey Herodes se enteró de esto, pues el nombre de Jesús se había hecho célebre, y la gente decía: Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos, por eso es que estos poderes milagrosos actúan en él. 15Pero otros decían: Es Elías. Y decían otros: Es un profeta, como uno de los profetas antiguos. 16Y al oír esto Herodes, decía: Juan, a quien yo decapité, ha resucitado. 17Porque Herodes mismo había enviado a prender a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de su hermano Felipe, pues Herodes se había casado con ella. 18Porque Juan le decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano. 19Y Herodías le tenía rencor y deseaba matarlo, pero no podía, 20porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo mantenía protegido. Y cuando le oía se quedaba muy perplejo, pero le gustaba escucharlo. 21Pero llegó un día oportuno, cuando Herodes, siendo su cumpleaños, ofreció un banquete a sus nobles y comandantes y a los principales de Galilea; 22y cuando la hija misma de Herodías entró y danzó, agradó a Herodes y a los que se sentaban a la mesa con él; y el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras y te lo daré. 23Y le juró: Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino. 24Ella salió y dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella le respondió: La cabeza de Juan el Bautista. 25Enseguida ella se presentó apresuradamente ante el rey con su petición, diciendo: Quiero que me des ahora mismo la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja. 26Y aunque el rey se puso muy triste, sin embargo a causa de sus juramentos y de los que se sentaban con él a la mesa, no quiso desairarla. 27Y al instante el rey envió a un verdugo y le ordenó que trajera la cabeza de Juan. Y él fue y lo decapitó en la cárcel, 28y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. 29Cuando sus discípulos oyeron esto, fueron y se llevaron el cuerpo y le dieron sepultura.

En este momento la fama de Jesús llega hasta el gobernador más importante de la región y Marcos le brinda a sus lectores una información de trasfondo sobre Herodes (una de las pocas veces que hace esto en su evangelio). Herodes y sus hijos habían llegado al poder mediante la colusión política con Roma. El Herodes actual (Herodes Antipas) era el hijo del rey que había asesinado a los bebés en Belén y sus alrededores con la esperanza de eliminar a Jesús cuando era bebé (Mateo 2:16).

Herodes Antipas había abandonado a su esposa y se había casado con Herodías (quien ya estaba casada con el hermano de Herodes, Felipe) mientras visitaba Roma. Juan el Bautista denunciaba esta unión y eso amenazaba la posición de Herodías como reina. Herodes encarceló a Juan, pero seguía escuchando sus prédicas ya que estaba familiarizado con las leyes y costumbres judías y entendía lo que Juan enseñaba.

Durante un banquete dado en honor a sus nobles, Herodes fue engañado a prometerle a la hija de Herodías un favor especial. Ella, manipulada por su madre, exigió la ejecución de Juan, y para evitar la vergüenza, Herodes lo decapita. Cuando Jesús aparece y más personas siguen a Él que a Juan, Herodes se imagina que Él es la encarnación de Juan que ha vuelto para acosarlo.

Marcos usa esta escena retrospectiva para presentar a un personaje importante de la época y para describir las circunstancias que terminaron con el ministerio de Juan el Bautista, un personaje que había presentado anteriormente en su libro. También es una manera de explicar el crecimiento del ministerio de Jesús.

Jesús y sus discípulos — 6:30-56

Los evangelios de Mateo y de Juan tienen largos pasajes en que Jesús está enseñando a Sus apóstoles. Incluyen mucho diálogo con preguntas y respuestas. Marcos aborda la enseñanza de los apóstoles elegidos al dar ejemplos, al mandarlos a servir y entonces al recibir sus reacciones. Tenemos ejemplos de esto en los versículos 30-56.

La invitación a apartarse

30Los apóstoles se reunieron con Jesús, y le informaron sobre todo lo que habían hecho y enseñado. 31Y Él les dijo: Venid, apartaos de los demás a un lugar solitario y descansad un poco. (Porque había muchos que iban y venían, y ellos no tenían tiempo ni siquiera para comer.) 32Y se fueron en la barca a un lugar solitario, apartado.

Al regresar de su primera gira de ministerio el Señor intenta apartar a los apóstoles para que descansen y se refresquen. Marcos nos cuenta que están ansiosos por informar sobre todo lo que habían hecho.

La junta

33Pero la gente los vio partir, y muchos los reconocieron y juntos corrieron allá a pie de todas las ciudades, y llegaron antes que ellos. 34Al desembarcar, Él vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. 35Y cuando era ya muy tarde, sus discípulos se le acercaron, diciendo: El lugar está desierto y ya es muy tarde; 36despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y se compren algo de comer. 37Pero respondiendo Él, les dijo: Dadles vosotros de comer. Y ellos le dijeron: ¿Quieres que vayamos y compremos doscientos denarios de pan y les demos de comer? 38Y Él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y ved. Y cuando se cercioraron le dijeron: Cinco, y dos peces. 39Y les mandó que todos se recostaran por grupos sobre la hierba verde. 40Y se recostaron por grupos de cien y de cincuenta. 41Entonces Él tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, los bendijo, y partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran; también repartió los dos peces entre todos. 42Todos comieron y se saciaron. 43Y recogieron doce cestas llenas de los pedazos, y también de los peces. 44Los que comieron los panes eran cinco mil hombres.

Lo que había empezado como un retiro termina siendo una junta cuando miles de personas llegan para escuchar a Jesús. Los milagros y las enseñanzas de Jesús junto con la gira reciente de los apóstoles han motivado a la gente y ahora quieren oír las enseñanzas de Jesús por sí mismos. Está restringido a los lugares remotos ya que no puede entrar a los pueblos porque Herodes lo está acosando, así que las multitudes empiezan a llegar a Él.

En esta escena vemos a Jesús alimentar a la gente de dos maneras diferentes:

  1. Les da comida espiritual de una manera natural al predicarles.
  2. Les da comida física de una manera sobrenatural al multiplicar el pan y los peces.

Aquí Jesús les está enseñando a Sus apóstoles dos lecciones importantes:

  1. El ser humano tiene necesidades físicas y espirituales que los apóstoles deben satisfacer como ministros.
  2. Jesús puede satisfacer ambas necesidades porque con Él siempre hay una abundancia.

Sin Él, solo había cinco panes y dos peces, pero con Él había más que suficiente. Los apóstoles habían servido y hecho milagros en su primera gira de prédicas, pero Jesús les recuerda que Él es la fuente de todas estas cosas, no ellos mismos.

Caminando sobre el agua

45Enseguida hizo que sus discípulos subieran a la barca y fueran delante de Él al otro lado, a Betsaida, mientras Él despedía a la multitud. 46Y después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar. 47Al anochecer, la barca estaba en medio del mar, y Él estaba solo en tierra. 48Y al verlos remar fatigados, porque el viento les era contrario, como a la cuarta vigilia de la noche, fue hacia ellos andando sobre el mar, y quería pasarles de largo. 49Pero cuando ellos le vieron andando sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar; 50porque todos le vieron y se turbaron. Pero enseguida Él habló con ellos y les dijo: ¡Tened ánimo; soy yo, no temáis! 51Y subió con ellos a la barca, y el viento se calmó; y ellos estaban asombrados en gran manera, 52porque no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada.

A pesar de los milagros que habían visto y hecho ellos mismos, en esta escena los apóstoles demuestran que son lentos para aprender. Después de que las multitudes se habían dispersado Jesús los manda a cruzar el lago solos. Se estaban enfrentando a otra tormenta, pero no habían clamado a Él todavía. Cuando lo ven caminando sobre el agua sienten temor. Estos hombres lo habían visto ejercer poder sobre cada elemento natural y espiritual y han escuchado Sus enseñanzas, pero todavía no entendían la conclusión a que todo esto apuntaba. No que era un hombre que obraba milagros, sino que era el divino Hijo de Dios, y cada una de estas señales les estaba acercando a ese entendimiento.

Más milagros

53Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret, y atracaron. 54Cuando salieron de la barca, enseguida la gente reconoció a Jesús, 55y recorrieron apresuradamente toda aquella comarca, y comenzaron a traer a los enfermos en sus camillas adonde oían decir que Él estaba. 56Y dondequiera que Él entraba en aldeas, ciudades o campos, ponían a los enfermos en las plazas, y le rogaban que les permitiera tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que lo tocaban quedaban curados.

Cuando llegan al otro lado del lago Marcos describe, casi ligeramente, los tantos milagros que Jesús continuaba haciendo, incluso sin palabras. Tan solo Su presencia producía grandes sanaciones. Los apóstoles, viendo una vez más esta gran muestra de poder, se están acercando a la idea de quién era Jesús realmente.

Resumen

Después de este punto en el evangelio de Marcos Jesús obrará menos milagros. Los próximos dos capítulos describirán más confrontaciones que tiene con Sus enemigos y el último milagro clave que obrará, pero la mayoría de la enseñanza ahora se enfocará en preparar a Sus discípulos a entender y aceptar dos grandes verdades:

  1. Su verdadera identidad: Hijo de Dios y Mesías. Su verdadera misión: la cruz.
Back to top ↑