Jesús continúa su diálogo con la multitud incrédula y enfatiza que creer es imprescindible si van a recibir las dos promesas que Él les hace.
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Dado que estamos en la mitad de un capítulo de la Biblia, necesitamos tener en cuenta lo sucedido hasta ahora:

  1. Jesús ha regresado de Jerusalén y está en la región norte de Galilea en Su ciudad de adulto, Capernaum, a orillas del Mar de Galilea.
  2. Durante este periodo ha realizado dos milagros: uno público, alimentar a 5.000; otro privado, caminar sobre el agua para encontrarse con los apóstoles que se hallaban en la barca.
  3. Estos dos milagros dan pie a un diálogo entre la gente y el Señor, cuando se reúnen en la sinagoga, en Capernaum.
  4. Al principio, la gente quiere que Él sea su rey, pero Jesús se niega, conocedor de que su deseo sólo se fundamenta en razones físicas, no espirituales.
  5. Tras Su negativa, Jesús aprovecha la oportunidad para declarar Su verdadera identidad, que no tiene relación alguna con un rey terrenal. Les revela su naturaleza divina de diversas formas:
    • Él es el Mesías (vs. 14)
    • Es el Hijo del Hombre (vs. 27)
    • Tiene el sello del Padre (vs. 27)
    • Es enviado por el Padre (vs. 29)
    • Es el Hijo de Dios (vs. 32)
    • Da vida al mundo (vs. 33)
    • Es el pan de vida (vs. 35)
  6. Tanto estas declaraciones como los milagros son rechazados por la gente. Quieren más pruebas, más milagros.
  7. Jesús se niega a darles más pruebas; en su lugar, hace dos promesas a los que eligen creer en Él por la prueba que ya ha dado:
    1. Éstos, sean quienes sean, serán aceptados por Dios.
    2. Tendrán vida eterna.

Aquí es donde, más o menos, nos quedamos, aunque no es el final del diálogo que Jesús mantiene con la gente de Capernaum. Jesús lleva a cabo dos promesas a los que creen; sin embargo, al hacerlo, está indicando también -sin palabras- algo a aquellos que persisten en la incredulidad:

  • Si creer conlleva una aceptación por parte de Dios así como vida eterna con Él, entonces lo opuesto también sucede.
  • Lo opuesto consiste en que, si no crees, Dios te rechazará y tu eternidad será sin Él.

Diálogo entre Jesús y la multitud

1. La reacción de la multitud a Sus afirmaciones y promesas

Vs. 41-42 – Por eso los judíos murmuraban de Él, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. Y decían: ¿No es este Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo es que ahora dice: «Yo he descendido del cielo»?

Nótese que no hablan de las promesas, si bien, finalmente, empiezan a captar lo que está diciendo: que viene del cielo.

Su reacción consiste en comparar lo que han visto y oído de Él con lo que saben de Él. Saben que es un hombre (nunca lo niega) y no quieren ir más allá. Nótese que no discuten el milagro o las promesas, simplemente dejan que su incredulidad derive en enojo.

2. Jesús responde a su enojo

Vs. 43 – Respondió Jesús y les dijo: No murmuréis entre vosotros.

Han perdido el foco y ahora se quejan y se alzan con enfado, no Le están prestando atención. Él les llama la atención diciéndoles que paren.

Vs. 44 – Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió, y yo lo resucitaré en el día final.

Su problema deriva del hecho que están tratando de imaginar, de manera lógica, física, cómo Jesús vino del cielo, y no lo logran; por lo que están frustrados y enojados. Jesús les dice que la lógica o la racionalización no pueden resolverlo; puedes créer (ir hacia Jesús) a través del método que el Padre ha prescrito, esto es, por fe. Lo que significa que el Padre los "trae".

Es el Padre quien hizo el milagro a través de Jesús, para que creyesen, se acercasen, aceptasen a Jesús y Su afirmación. Creer no significa que siempre entiendes "cómo" suceden las cosas. Creer significa aceptar como verdadera la persona o aspecto que Dios señala en una enseñanza, una revelación o un milagro.

No se llega a Jesús por "lógica", se es atraído a Él por Dios a través de Su Palabra. Los que se acercan así reciben estas promesas y mucho más.

Vs. 45 – Escrito está en los profetas: «Y todos serán enseñados por Dios». Todo el que ha oído y aprendido del Padre, viene a mí.

Jesús se dirige a las mismas Escrituras para convencerles de que lo que propone no es un método nuevo. Que ser traído por alguien y creer en Su palabra no es nada nuevo. Los profetas ya habían escrito al respecto. La cita a la que refiere es del profeta Isaías, relativa a las bendiciones de Dios a Su pueblo especial. Y estas personas eran especiales porque creyeron la Palabra que les había sido enseñada.

La conexión se lleva a cabo implícitamente, si bien se desprende para que todos la constaten: si fuerais las personas especiales de este momento, creeríais las palabras que expreso, porque vienen de Dios; el milagro que he hecho lo prueba.

Creer en Jesucristo es la forma de separar los que pertenecen a Dios de aquellos que no. Lo que causa muchos sentimientos encontrados, si bien es lo que enseñó Jesús. Resulta ofensivo a otros grupos religiosos y a personas no religiosas, sin embargo, es lo que Jesús mismo enseñó.

Puede entenderse que los que non son cristianos tengan problemas con esto y nos llaman de todo por esta razón, es normal. ¡Lo que no se comprende es que algunos Cristianos enseñen falsamente que Dios acepta todas las religiones sinceras! Si uno quiere identificarse como universalista, bien, pero no debe pervertir la doctrina cristiana más básica en el proceso.

Jesús enseñó que solo Sus discípulos serían aceptados por Dios y recibirían vida eterna; y aquellos que rechazaron esto Le odiaron por decirlo. No podemos esperar ser tratados de manera muy diferente, y la Palabra del Señor ¡no debe ser cambiada para ser aceptados por aquellos que nos rechazan por nuestra fe!

Vs. 46 – No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que viene de Dios, este ha visto al Padre.

Nadie ha visto ni ha aprendido directamente de Dios, en Su santa presencia. Este privilegio pertenece a una sola persona e implícitamente Jesús refiere a Sí mismo. Ya había dicho que Él es aquél que viene del cielo.

El Señor vuelve a resumir Su argumento aquí al inferir que, puesto que no han visto a Dios, deberían creer en las palabras de alguien que sí lo ha visto y, al hacerlo, mostrarían que son verdaderamente el pueblo de Dios.

Vs. 47-50 – En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que coma de él, no muera.

Este es el pan que desciende del cielo, para que uno pueda comer de él y no morir. En Su respuesta, repite las promesas y afirmaciones que ha hecho anteriormente:

  1. Que quien cree en Él tiene vida eterna.
  2. Que Él es el Pan de Vida.
  3. Que es superior a Moisés, y lo que ofrece es superior a lo que sus antepasados recibieron a a través de Moisés. A través de Moisés, Dios ofreció al pueblo comida física para satisfacer su hambre y prolongar su vida por un corto período de tiempo. A través de Jesús, Dios ofrece alimento espiritual que nutrirá el alma y que, finalmente, conducirá a la vida eterna.
Vs. 51 – Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo también daré por la vida del mundo es mi carne.

Una vez más Jesús les pide ¡que crean! Primero les pidió que creyeran en su divinidad y que provenía de Dios, usando lenguaje simbólico (Pan de Vida, que viene del cielo). Luego les explica cómo el alimento espiritual que produce vida eterna les es entregado. Uno debe comer el pan del cielo (tiene que entrar en ti). Esta es una forma simbólica de decir "debes llevarme a tu interior a través de la fe". También explica, en términos velados, cómo Él obtendrá vida para el mundo. Lo hará entregando Su cuerpo, Su vida, por el mundo. Se está refiriendo a la cruz en la que morirá.

En ese momento no logran comprender el significado de lo que les está diciendo, pero si hubieran creído en la palabra de Dios a través de los profetas, acerca de un salvador que sufre (Isaías 53), que redime al Pueblo de Dios, habrían visto en ello una pista más relativa a la verdadera identidad de Jesús.

Por ahora vemos que Jesús ya ha establecido las bases del mensaje del evangelio:

  1. Creencia de que Jesús es el Hijo divino de Dios.
  2. Confianza en que Su sacrificio nos salva.
  3. Obediencia a Sus enseñanzas.

3. La respuesta de los judíos

Vs. 52 – Los judíos entonces contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede este darnos a comer su carne?

Recuérdese, esta es una conversación entre Jesús y la gente, en la sinagoga de Capernaum. En su respuesta podemos apreciar que pierden el significado espiritual de lo que les decía. Están juzgando todo considerando que Él es tan sólo un hombre.

Desde luego, si Jesús hubiera sido solo un hombre, hubieran tenido razón y hubiera sido absurdo seguirlo. Pero si el milagro era real y Él era quien decía ser, fueron necios al rechazar al Hijo de Dios.

4. Jesús llama a convertirse

En esta sección el Señor declara abiertamente cuales son las condiciones para lograr la salvación. Les pide que decidan.

Vs. 53-55 – Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

Creer en Jesús equivale a vida eterna y resurrección. Uno no tiene vida a menos que crea esto. Jesús es enfático aquí. Téngase en cuenta que Él no se exaspera ni se desanima por su incredulidad, simplemente se vuelve más enfático (más claro) acerca del camino a la vida eterna. El lenguaje simbólico simplemente reitera el mismo mensaje. Debes comer mi carne y beber mi sangre (creer) porque mi carne y mi sangre es el verdadero alimento (la única manera).

Vs. 56-59 – El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre que vive me envió, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como el que vuestros padres comieron, y murieron; el que come este pan vivirá para siempre. Esto dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Capernaúm.

En estos versículos, Jesús explica la dinámica de la fe y cómo produce vida. Quien cree en Mí se convierte, por virtud de la fe, en parte de Mí y Yo devengo parte de él y, por tanto, recibe toda la vida que comparto con el Padre, porque también Yo estoy unido al Padre.

La clave aquí es no tratar de ser como Jesús buscando comprender cómo sucede todo esto. Como si Jesús fuera un mero ser humano y convertirse en parte de Él pudiera explicarse de forma física. Jesús les está diciendo que vean esto como una oferta de relación particular con Dios a través de Jesús, hecha posible a través de la fe.

Por la fe nos convertimos, de alguna manera, en parte de Jesús, el Hijo de Dios. Por la fe Él deviene parte de nosotros. Por la fe pasamos de seres físicos y temporales a seres espirituales y eternos. La fe de la que hablamos se expresa de forma física, pero en sí misma no es de naturaleza física. Más adelante aprenderemos que esta fe tiene dos expresiones físicas practicadas por todos los que dicen creer:

A. El bautismo – Es en ese instante cuando, a través de la fe, podemos unirnos a Jesús y Él se une a nosotros. (Romanos 6:3-6; Gálatas 3:26-28). El bautismo es un acto físico, pero sabemos en ese momento también por fe que Su sangre lava nuestros pecados (Hechos 2:38; Hechos 22:16; Apocalipsis 1:5). No hay en realidad cruz o sangre físicas; nuestros pecados no son en realidad visibles, pero durante el acto físico del bautismo sabemos que ciertas acciones invisibles tienen lugar, porque creemos en la Palabra de Dios.

B. La comunión – Este es el otro acto físico que, a través de la fe, nos conecta con Cristo y con cada creyente. La Palabra de Dios nos dice que estas cosas espirituales e invisibles toman lugar durante este acto tan visible y físico. Por la fe somos unidos al Señor y a la iglesia cuando practicamos esta ceremonia cada domingo.

Y así, por declaración directa y por profecía de lo que vendrá concerniente a Su cruz, trata de revelar la relación entre la fe, la salvación y, en última instancia, los actos físicos clave que acompañan y expresan estas cosas. Veremos que, incluso con todo este esfuerzo, la mayor parte de Sus oyentes no estaban dispuestos a creer.

Resumen

Son varios los conceptos ciertamente importantes que debemos aprender.

  1. No se puede saber quién es Jesús por medio de la sabiduría humana y el mero conocimiento; solo puedes conocerLe a través de la fe.
  2. La fe es la clave del conocimiento espiritual y la sabiduría. Primero crees y es entonces que tus ojos se abren a ver y conocer.
  3. La fe genuina es expresada por los conversos a través de la obediencia en el bautismo. La fe genuina es expresada por los Cristianos a través de la comunión fiel.

Estos son los fundamentos de la fe Cristiana.

Tarea de lectura: Juan 6:60-71