Ministerio a las masas, ministerio a los pocos

Narrativa #4

By: Mike Mazzalongo     Posted: March, 2015
Jesús realiza milagros para las multitudes, así como demostraciones privadas de Su poder para Sus Apóstoles, con el fin de fortalecer su fe y prepararlos para Su propio sufrimiento y muerte en la cruz.

Los capítulos 13 al 17 contienen la cuarta narrativa y la última información acerca del ministerio de Jesús en la región del norte del país cerca del lugar de Su nacimiento y donde vivió como adulto. Después de esto subirá a Jerusalén y sus alrededores. Esto ocurre en el segundo año de Su ministerio.

También seremos testigos del último de Sus grandes milagros registrados por Mateo. Habrá algunos más pero la última señal milagrosa de Su divinidad sería aquí entre la gente de Su pueblo (alimentación de cinco mil y cuatro mil) y especialmente para Sus discípulos elegidos (caminar sobre el agua, sanar y echar fuera a demonios, la transfiguración, pagar impuestos con moneda encontrada en la boca de un pez). Incluso la sanación de la hija de una mujer gentil como un acto de compasión y señal de cosas venideras cuando el evangelio será llevado a todo pueblo, no solo a los judíos.

Después de Su ministerio en Galilea descrita en esta sección, Jesús irá al sur hacia Jerusalén para terminar Su ministerio allí:

  • Enseñanza y más confrontaciones con los fariseos.
  • La entrada triunfante a Jerusalén.
  • Juicio de Jerusalén y una profecía.
  • Sufrimiento, muerte y resurrección.

Mientras está en un lugar más seguro y conocido Jesús establece Su identidad para Sus discípulos. Además de esto, los prepara para el rechazo que sufrirá a manos de los líderes y el pueblo cuando bajan a Jerusalén.

Rechazo

53Y sucedió que cuando Jesús terminó estas parábolas, se fue de allí. 54Y llegando a su pueblo, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que se maravillaban y decían: ¿Dónde obtuvo este esta sabiduría y estos poderes milagrosos? 55¿No es este el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas? 56¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿Dónde, pues, obtuvo este todas estas cosas? 57Y se escandalizaban a causa de Él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa. 58Y no hizo muchos milagros allí a causa de la incredulidad de ellos. 1Por aquel tiempo, Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús, 2y dijo a sus sirvientes: Este es Juan el Bautista. Él ha resucitado de entre los muertos, y por eso es que poderes milagrosos actúan en él. 3Porque Herodes había prendido a Juan, lo había atado y puesto en la cárcel por causa de Herodías, mujer de su hermano Felipe; 4porque Juan le decía: No te es lícito tenerla. 5Y aunque Herodes quería matarlo, tenía miedo al pueblo, porque consideraban a Juan como un profeta. 6Pero cuando llegó el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó ante ellos y agradó a Herodes. 7Por lo cual le prometió con juramento darle lo que ella pidiera. 8Ella, instigada por su madre, dijo: Dame aquí, en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista. 9Y aunque el rey se entristeció, a causa de sus juramentos y de sus invitados, ordenó que se la dieran; 10y mandó decapitar a Juan en la cárcel. 11Y trajeron su cabeza en una bandeja y se la dieron a la muchacha, y ella se la llevó a su madre. 12Los discípulos de Juan llegaron y recogieron el cuerpo y lo sepultaron; y fueron y se lo comunicaron a Jesús.

El rechazo de Jesús en la ciudad donde se crío, Nazaret, y el asesinato de Juan el Bautista por Herodes ya a nivel nacional muestran Su rechazo definitivo por el pueblo. Quienes lo conocían mejor que nadie y habían sido testigos de no solo Sus enseñanzas y milagros sino también de Su vida pura ahora lo rechazan por completo. Herodes, quien sabía que Juan el Bautista era muy popular entre la gente sabía de la conexión con el Señor y lo asesinó igual así mandando una señal clara a Jesús de su desprecio e intenciones malvadas.

Sin embargo, aún con el evidente rechazo delante de Él, Jesús continúa sirviendo a la gente y preparando a Sus discípulos.

El ministerio a las masas

En esta sección Mateo escribe sobre el cuidado compasivo que tuvo Jesús con la gente. No registra ninguna parábola o sermón en este momento, solo el ministerio benevolente de Jesús para con quienes se le acercaron por ayuda y sanación.

Alimentación de los cinco mil quienes lo habían seguido al desierto cuando había salido a orar después de la muerte de Juan el Bautista

13Al oír esto, Jesús se retiró de allí en una barca, solo, a un lugar desierto; y cuando las multitudes lo supieron, le siguieron a pie desde las ciudades. 14Y al desembarcar, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos y sanó a sus enfermos. 15Al atardecer se le acercaron los discípulos, diciendo: El lugar está desierto y la hora es ya avanzada; despide, pues, a las multitudes para que vayan a las aldeas y se compren alimentos. 16Pero Jesús les dijo: No hay necesidad de que se vayan; dadles vosotros de comer. 17Entonces ellos le dijeron: No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces. 18Él les dijo: Traédmelos acá. 19Y ordenando a la muchedumbre que se recostara sobre la hierba, tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo los alimentos, y partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la multitud. 20Y comieron todos y se saciaron. Y recogieron lo que sobró de los pedazos: doce cestas llenas. 21Y los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Sanación de los enfermos al tocar Su manto

34Terminada la travesía, bajaron a tierra en Genesaret. 35Y cuando los hombres de aquel lugar reconocieron a Jesús, enviaron a decirlo por toda aquella comarca de alrededor y le trajeron todos los que tenían algún mal. 36Y le rogaban que les dejara tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que lo tocaban quedaban curados.

Sanación de la hija de la cananea quien llegó a Él suplicando Su ayuda. Jesús le recuerda que Su misión principal es con los judíos, pero ella apela a Su misericordia e inmediatamente la atiende.

21Saliendo Jesús de allí, se retiró a la región de Tiro y de Sidón. 22Y he aquí, una mujer cananea que había salido de aquella comarca, comenzó a gritar, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija está terriblemente endemoniada. 23Pero Él no le respondió palabra. Y acercándose sus discípulos, le rogaban, diciendo: Atiéndela, pues viene gritando tras nosotros. 24Y respondiendo Él, dijo: No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 25Pero acercándose ella, se postró ante Él, diciendo: ¡Señor, socórreme! 26Y Él respondió y dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echárselo a los perrillos. 27Pero ella dijo: Sí, Señor; pero también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. 28Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Oh mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas. Y su hija quedó sana desde aquel momento.

Sanación de ciegos, cojos, mudos y otros quienes fueron llevados a Él por otros

29Y pasando Jesús de allí, vino junto al mar de Galilea, y subiendo al monte, se sentó allí. 30Y vinieron a Él grandes multitudes trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos y los pusieron a sus pies y Él los sanó; 31de modo que la muchedumbre se maravilló al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban restaurados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel.

Alimentación de otro grupo que lo había seguido por Sus enseñanzas y sanaciones.

32Entonces Jesús, llamando junto a sí a sus discípulos, les dijo: Tengo compasión de la multitud, porque hace ya tres días que están conmigo y no tienen qué comer; y no quiero despedirlos sin comer, no sea que desfallezcan en el camino. 33Y los discípulos le dijeron: ¿Dónde conseguiríamos nosotros en el desierto tantos panes para saciar a una multitud tan grande? 34Jesús entonces les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos respondieron: Siete, y unos pocos pececillos. 35Y Él mandó a la multitud que se recostara en el suelo; 36y tomó los siete panes y los peces; y después de dar gracias, los partió y empezó a darlos a los discípulos, y los discípulos a las multitudes. 37Y comieron todos y se saciaron; y recogieron de lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenas. 38Los que comieron fueron cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. 39Y después de despedir a la muchedumbre, subió a la barca y fue a la región de Magadán.

Sanación de un niño epiléptico a petición desesperada de un padre

14Cuando llegaron a la multitud, se le acercó un hombre, que arrodillándose delante de Él, dijo: 15Señor, ten misericordia de mi hijo, porque es epiléptico y sufre terriblemente, porque muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. 16Y lo traje a tus discípulos y ellos no pudieron curarlo. 17Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo acá. 18Y Jesús lo reprendió y el demonio salió de él, y el muchacho quedó curado desde aquel momento. 19Entonces los discípulos, llegándose a Jesús en privado, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo? 20Y Él les dijo: Por vuestra poca fe; porque en verdad os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: «Pásate de aquí allá», y se pasará; y nada os será imposible. 21Pero esta clase no sale sino con oración y ayuno.

Muchos de ellos lo rechazaron, pero Jesús continuó demostrando Su naturaleza divina mediante sanaciones milagrosas en servicio compasivo a la gente que necesitaba ayuda.

La respuesta a Sus acusadores

Su rechazo fue liderado por los fariseos y sacerdotes (saduceos) quienes, a pesar de haber visto los milagros y escuchado las enseñanzas, se negaron a aceptar la conclusión a la cual estas señalaban. En lugar de creer, querían desacreditar y destruir a Jesús para proteger su propia posición y encubrir su propia pecaminosidad. No enseñaban con autoridad y distorsionaban las Escrituras para su propio ventaja. No ayudaban a la gente ni proveían por ella, simplemente la manipulaban.

Acusaciones de haber transgredido la "Tradición"

1Entonces se acercaron a Jesús algunos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo: 2¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Pues no se lavan las manos cuando comen pan. 3Y respondiendo Él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios a causa de vuestra tradición? 4Porque Dios dijo: «Honra a tu padre y a tu madre», y: «Quien hable mal de su padre o de su madre, que muera». 5Pero vosotros decís: «Cualquiera que diga a su padre o a su madre: "Es ofrenda a Dios todo lo mío con que pudieras ser ayudado", 6no necesitará más honrar a su padre o a su madre». Y así invalidasteis la palabra de Dios por causa de vuestra tradición. 7¡Hipócritas! Bien profetizó Isaías de vosotros cuando dijo: 8«Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí. 9Mas en vano me rinden culto, enseñando como doctrinas preceptos de hombres». 10Y llamando junto a sí a la multitud, les dijo: Oíd y entended: 11no es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre. 12Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se escandalizaron cuando oyeron tus palabras? 13Pero Él contestó y dijo: Toda planta que mi Padre celestial no haya plantado, será desarraigada. 14Dejadlos; son ciegos guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo. 15Respondiendo Pedro, le dijo: Explícanos la parábola. 16Y Él dijo: ¿También vosotros estáis aún faltos de entendimiento? 17¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al estómago y luego se elimina? 18Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. 19Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias. 20Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero comer sin lavarse las manos no contamina al hombre.

Los fariseos de Jerusalén (con más autoridad que escribas locales) acusan a Jesús de violar la tradición de lavarse las manos antes de comer. La tradición, o "halacha" era el conjunto de normas (631) establecidas como una cerca alrededor de la Ley por los rabíes para asegurar que no rompieran la Ley sin querer. Incluía todo tipo de ritos, procedimientos y reglas que fueron concebidas e impuestas por los líderes religiosos sin ninguna autoridad de las Escrituras mismas. Su pensar era "es mejor prevenir que lamentar."

Por ejemplo, los judíos se lavaban las manos de acuerdo con un rito complejo para asegurar de que no fueran contaminados por algo que un gentil haya tocado antes que ellos. La Ley requería que no se mezclaran ni en matrimonio ni adoración con los gentiles. No había ninguna ley, sin embargo, sobre lavar las manos, solo tradición y pensamiento humano. Eventualmente, estas reglas se volvieron tan o más importante que la Ley misma.

Jesús echa a un lado su acusación al enfrentarlos con cómo su tradición violaba la misma Ley que estaban tratando de seguir.

3Y respondiendo Él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios a causa de vuestra tradición? 4Porque Dios dijo: «Honra a tu padre y a tu madre», y: «Quien hable mal de su padre o de su madre, que muera». 5Pero vosotros decís: «Cualquiera que diga a su padre o a su madre: "Es ofrenda a Dios todo lo mío con que pudieras ser ayudado",
- Mateo 15:3-5

Sus tradiciones les permitían evitar el cuidado de sus padres al declarar que su dinero estaba consagrado a Dios y el templo así anulando el cuarto mandamiento. Jesús les acusa de romper la Ley al esconderse detrás de sus tradiciones para encubrir su avaricia.

A fin de cuentas Jesús responde a su acusación anterior explicándoles que el hombre se contamina (es hecho impuro) no por lo que entra (comida, etc.) sino por lo que sale de él (mentira, adulterio, avaricia), y así implica que los fariseos son impuros y contaminados por lo que salía de ellos.

Los fariseos piden una señal

1Entonces los fariseos y los saduceos se acercaron a Jesús, y para ponerle a prueba le pidieron que les mostrara una señal del cielo. 2Pero respondiendo Él, les dijo: Al caer la tarde decís: «Hará buen tiempo, porque el cielo está rojizo». 3Y por la mañana: «Hoy habrá tempestad, porque el cielo está rojizo y amenazador». ¿Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no podéis discernir las señales de los tiempos? 4Una generación perversa y adúltera busca señal, y no se le dará señal, sino la señal de Jonás. Y dejándolos, se fue. 5Los discípulos, al pasar al otro lado, se habían olvidado de tomar panes. 6Y Jesús les dijo: Estad atentos y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos. 7Y ellos discutían entre sí, diciendo: Lo dice porque no tomamos panes. 8Pero Jesús, dándose cuenta, dijo: Hombres de poca fe, ¿por qué discutís entre vosotros que no tenéis pan? 9¿Todavía no entendéis ni recordáis los cinco panes para los cinco mil, y cuántas cestas recogisteis? 10¿Ni los siete panes para los cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis? 11¿Cómo es que no entendéis que no os hablé de los panes? Pero guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos. 12Entonces entendieron que no les había dicho que se guardaran de la levadura de los panes, sino de la enseñanza de los fariseos y saduceos.

Otra vez, tal como en el capítulo 12, piden una demostración de Su poder como una señal especial para ellos y Jesús responde de la misma manera. Esta petición revela la maldad e incredulidad en sus corazones. No era una petición sincera que los llevaría a tener fe (p. ej. Tomás pidió una señal con un corazón sincero y lo recibió. Jesús conocía los corazones de estos hombres y su insinceridad). Les dice que deben buscar la señal de Jonás, la señal que apunta hacia Su resurrección.

El ministerio a los apóstoles

Milagro: Caminar sobre el agua

22Enseguida hizo que los discípulos subieran a la barca y fueran delante de Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la multitud. 23Después de despedir a la multitud, subió al monte a solas para orar; y al anochecer, estaba allí solo. 24Pero la barca estaba ya a muchos estadios de tierra, y era azotada por las olas, porque el viento era contrario. 25Y a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. 26Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, y decían: ¡Es un fantasma! Y de miedo, se pusieron a gritar. 27Pero enseguida Jesús les habló, diciendo: Tened ánimo, soy yo; no temáis. 28Respondiéndole Pedro, dijo: Señor, si eres tú, mándame que vaya a ti sobre las aguas. 29Y Él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, caminó sobre las aguas, y fue hacia Jesús. 30Pero viendo la fuerza del viento tuvo miedo, y empezando a hundirse gritó, diciendo: ¡Señor, sálvame! 31Y al instante Jesús, extendiendo la mano, lo sostuvo y le dijo: Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? 32Cuando ellos subieron a la barca, el viento se calmó. 33Entonces los que estaban en la barca le adoraron, diciendo: En verdad eres Hijo de Dios.

Jesús ve que están luchando en la tormenta y se acerca a ellos caminando sobre el agua. Pedro deja la barca y camina sobre el agua también. Esta experiencia le enseña una lección importante sobre la fe. Observe que en el versículo 33 todos los apóstoles confiesan que Él es el Hijo de Dios. Jesús obró estos grandes milagros personales para fortalecer la fe de Sus apóstoles.

Milagro: La transfiguración

1Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; 2y se transfiguró delante de ellos; y su rostro resplandeció como el sol, y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. 3Y he aquí, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con Él. 4Entonces Pedro, tomando la palabra, dijo a Jesús: Señor, bueno es estarnos aquí; si quieres, haré aquí tres enramadas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. 5Mientras estaba aún hablando, he aquí, una nube luminosa los cubrió; y una voz salió de la nube, diciendo: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido; a Él oíd. 6Cuando los discípulos oyeron esto, cayeron sobre sus rostros y tuvieron gran temor. 7Entonces se les acercó Jesús, y tocándolos, dijo: Levantaos y no temáis. 8Y cuando alzaron sus ojos no vieron a nadie, sino a Jesús solo.

Pedro, Jacobo y Juan son testigos del resplandor visual de la naturaleza divina de Jesús y Su habilidad de comunicarse más allá del tiempo con Elías y Moisés (representaban a los profetas y la Ley). Lucas nos dice que hablaron de Su crucifixión. La voz del cielo confirma el papel de Jesús como él que cumple con toda la profecía y la Ley. La instrucción de "...a Él oíd" es de escuchar a Jesús como la última palabra de profecía y Ley.

Milagro: moneda en el pez

24Cuando llegaron a Capernaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el impuesto de dos dracmas y dijeron: ¿No paga vuestro maestro las dos dracmas? 25Él dijo: Sí. Y cuando él llegó a casa, Jesús se le anticipó, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes cobran tributos o impuestos los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños? 26Y cuando respondió: De los extraños, Jesús le dijo: Entonces los hijos están exentos. 27Sin embargo, para que no los escandalicemos, ve al mar, echa el anzuelo, y toma el primer pez que salga; y cuando le abras la boca hallarás un estáter; tómalo y dáselo por ti y por mí.

A Pedro le preguntan si él paga el impuesto del templo. Jesús le dice que vaya a pescar y que sacará de la boca de un pez una moneda con la cual puede pagar el impuesto del templo para ambos. La idea es que era ridículo que Jesús, el Hijo de Dios, pagara el impuesto de Su propio templo, pero para evitar ofender a los que todavía eran débiles en la fe mandó a Pedro que lo pagara. Sin embargo, la manera en que sucedió afirmó una vez más a Pedro la identidad de Jesús. Quienes no creían vieron simplemente un rabí joven pagando su cuota, para quienes confesaban a Jesús, se obró otro milagro más delante de sus ojos.

Porque a cualquiera que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia; pero a cualquiera que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.
- Mateo 13:12

A quien se le da más no tiene que perder lo que tiene. A quien tenga fe, se le dará más revelación; a quien no tiene fe, se le quitará lo poco que posee, perderá bienes, vida, etc.

Enseñanzas

Jesús ministraba a los apóstoles mediante los milagros para fortalecer su fe y proveerles con experiencias que podrían usar para traer a otras personas a la fe. También les continuó ministrando mediante la enseñanza.

La lección sobre lo que contamina

15Respondiendo Pedro, le dijo: Explícanos la parábola. 16Y Él dijo: ¿También vosotros estáis aún faltos de entendimiento? 17¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al estómago y luego se elimina? 18Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. 19Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias. 20Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero comer sin lavarse las manos no contamina al hombre.

Advertencia sobre las enseñanzas de los fariseos

1Entonces los fariseos y los saduceos se acercaron a Jesús, y para ponerle a prueba le pidieron que les mostrara una señal del cielo. 2Pero respondiendo Él, les dijo: Al caer la tarde decís: «Hará buen tiempo, porque el cielo está rojizo». 3Y por la mañana: «Hoy habrá tempestad, porque el cielo está rojizo y amenazador». ¿Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no podéis discernir las señales de los tiempos? 4Una generación perversa y adúltera busca señal, y no se le dará señal, sino la señal de Jonás. Y dejándolos, se fue. 5Los discípulos, al pasar al otro lado, se habían olvidado de tomar panes. 6Y Jesús les dijo: Estad atentos y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos. 7Y ellos discutían entre sí, diciendo: Lo dice porque no tomamos panes. 8Pero Jesús, dándose cuenta, dijo: Hombres de poca fe, ¿por qué discutís entre vosotros que no tenéis pan? 9¿Todavía no entendéis ni recordáis los cinco panes para los cinco mil, y cuántas cestas recogisteis? 10¿Ni los siete panes para los cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis? 11¿Cómo es que no entendéis que no os hablé de los panes? Pero guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos. 12Entonces entendieron que no les había dicho que se guardaran de la levadura de los panes, sino de la enseñanza de los fariseos y saduceos.

Jesús advierte a Sus discípulos de las enseñanzas y conspiraciones de los fariseos quienes serán sus oponentes principales en el futuro cuando estén estableciendo la iglesia.

Jesús responde a la confesión de Pedro

13Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? 14Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o uno de los profetas. 15Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? 16Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 17Y Jesús, respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. 19Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos.

Los milagros y las enseñanzas a través de un periodo de dos años han edificado la fe estos hombres cuando Pedro, hablando antes que los otros, hace una declaración completa de lo que las parábolas y los milagros habían señalado desde el principio: ¡Jesús es el Mesías divino!

Ahora Jesús les enseña más allá de su confesión:

  1. Sin la revelación del Hijo en Sus enseñanzas y milagros Pedro no habría podido saber esto. Carne y sangre no pueden revelar a Dios. Esta es la razón por la cual el evangelio es el poder de Dios para salvar al hombre, ¡porque revela a Cristo!
  2. Simón (el anciano) es realmente bendecido por su confesión. Ha visto con sus propios ojos Él que traerá la salvación a Israel.
  3. Pedro (el nuevo hombre, hombre de piedra) será más fuerte por esto.
  4. Esta revelación será la base del establecimiento de los "llamados fuera", la iglesia. Si Jesús hubiese querido decir que construiría Su iglesia sobre Pedro, habría dicho, "...sobre ti, construiré...". La palabra sobre la cual se basa esta iglesia indestructible es la realidad que Jesús es el Mesías divino, y no solo el reconocimiento de dicha realidad.
  5. A los primeros que creyeron y confesaron, Jesús empieza a mostrarles el ministerio que tendrán. La llave al reino es la habilidad de abrir las puertas del reino de los cielos con el mensaje de evangelio que predicaban, y el Espíritu Santo quien les dio el poder de confirmar sus palabras con un testimonio poderoso. La idea de las llaves viene de Isaías y el rey David: la llave al trono = autoridad.

El atar y soltar es la autoridad de hablar de parte de Dios a los hombres en la tierra y también las escrituras inspiradas que definen la estructura y funcionamiento de la iglesia. También el poder de perdonar o no perdonar pecados (atar y soltar) pertenecía a quienes proclamaban la manera de Dios de recibir el perdón de los pecados. No inventaron las enseñanzas sino lo que ellos instruyeron venía del cielo y así confirmaba sus enseñanzas.

Hay muchas variaciones de interpretaciones de este versículo pero en resumen y por el contexto que siguió las vidas de los apóstoles, estos puntos explican bien el significado de la promesa de Jesús.

La profecía acerca de la crucifixión

21Desde entonces Jesucristo comenzó a declarar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día. 22Y tomándole aparte, Pedro comenzó a reprenderle, diciendo: ¡No lo permita Dios, Señor! Eso nunca te acontecerá 23Pero volviéndose Él, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. 24Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. 25Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. 26Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma? 27Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensara a cada uno según su conducta. 28En verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su reino.

9Mientras descendían del monte, Jesús les ordenó, diciendo: No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos. 10Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero? 11Y respondiendo Él, dijo: Elías ciertamente viene, y restaurará todas las cosas; 12pero yo os digo que Elías ya vino y no lo reconocieron, sino que le hicieron todo lo que quisieron. Así también el Hijo del Hombre va a padecer a manos de ellos. 13Entonces los discípulos entendieron que les había hablado de Juan el Bautista.

22Mientras andaban juntos por Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres. 23Y le matarán, y al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron mucho.

Esta revelación trascendente mediante las enseñanzas y milagros fue templada con la revelación de que el Mesías, aunque era divino, sufriría una muerte innoble y en completo rechazo.

Esto era para enseñarles varias lecciones:

  1. Vendría una gloriosa resurrección, no solo sufrimiento (16:21).
  2. El costo del discipulado era muy alto; piénselo bien antes de comprometerte (16:24-26).
  3. Esto era de acuerdo con los profetas (17:10)

Con esta combinación de fe en Él como el Mesías divino y el conocimiento de Su muerte inminente, están listos para salir de casa con rumbo a Jerusalén por última vez para enfrentar los líderes incrédulos y la cruz.

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