Lanzamiento de Piedras
La ley del Antiguo Testamento establecía que en los delitos capitales, el testigo principal debía lanzar la primera piedra en el momento de la ejecución. (Deuteronomio 17:7) En la historia de la mujer sorprendida en adulterio (Juan 8:1-11) Jesús se refiere a este punto de la ley al dirigirse a los acusadores de la mujer, sin embargo, Él invierte las reglas para esta ocasión.
En el versículo 7, Él dice,
Pero como insistían en preguntarle, Jesús se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra.
- Juan 8:7
En otras palabras, Él dio el derecho de comenzar la ejecución, no a quien fue testigo de su pecado, sino a quien podía mirar su propia vida y no encontrar pecado allí. Juan continúa diciéndonos que después de estas palabras, no hubo ejecución ese día. Este reconocimiento del pecado personal es muy útil para aquellos que tienen una naturaleza "crítica".
En primer lugar, obliga a las personas críticas a ver que encontrar faltas en los demás es muy fácil. La tarea difícil (y digna) es examinarnos a nosotros mismos para descubrir nuestras propias faltas.
En segundo lugar, cuando nos enfocamos primero en nuestras propias faltas, pecados y debilidades, se vuelve más fácil ofrecer misericordia a los demás. Después de todo, es difícil negar a otro lo que nos concedemos a nosotros mismos en la misma situación.
Finalmente, reconocer que todos son pecadores, incluidos nosotros mismos, hará que sea más fácil dejar el juicio a Dios. Cuando las personas críticas entienden que no tienen derecho a juzgar porque son culpables de los mismos pecados, se les quita una tremenda carga de los hombros.
Así que la próxima vez que veamos a una persona atrapada en adulterio o cualquier otro tipo de pecado, debemos recordar la amonestación de Jesús al pelotón de ejecución. Seamos más rápidos para mirar en nuestro propio corazón en lugar de buscar piedras para arrojar.


