Jesús continúa enseñando y animando a sus discípulos antes de ser traicionado por Judas.
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En nuestro estudio del evangelio de Juan hemos llegado al lugar donde Jesús está preparando a sus apóstoles para Su muerte y resurrección. Y lo hace de varias maneras:

1. Les lava los pies

Lo hace para inculcarles la necesidad de humildad y servicio una vez Él se haya ido. Ya se estaban peleando en Su presencia, de modo que quiere que recuerden esta acción y actitud cuando su orgullo se desboque en el futuro.

2. Les purga del traidor

Judas era el eslabón débil y por eso Jesús revela su traición y le obliga a salir antes del evento siguiente. Si se hubiera quedado podría haberles llevado a la incredulidad y al abandono total o les hubiera podido entregar a los líderes Judíos tras Su muerte.

3. Profetiza acerca de Su muerte y resurrección

Para que no les coja por sorpresa, les dice anticipadamente que Le matarán y que finalmente resucitará. Cuando todo esto suceda quiere que tengan la certeza de que Él tiene todo bajo control: lo predijo.

4. Promete cuidarlos

  • Promete enviar al Espíritu Santo para consolarles en su dolor y brindar el apoyo al que estaban acostumbrados recibir de Él.
  • Promete enviar el Espíritu para ayudarles a recordar y comprender todo lo que les ha enseñado.
  • Promete que el ataque de Satanás contra Él fracasará (no os preocupéis, no tengáis miedo).
  • Promete que Él y el Padre estarán con ellos, ya que se aman los unos a otros y obedecen Su palabra.

Todas estas promesas están incluidas en la primera enseñanza o sección de diálogo que estudiamos en el capítulo anterior. En este capítulo (Juan, capítulo 15) comenzamos la segunda parte de una larga sección de enseñanzas que tienen lugar justo antes de Su muerte.

Las enseñanzas y ánimos finales de Jesús

En la sección anterior supimos que Jesús y los Apóstoles se hallan en el aposento alto y habían compartido la Pascua; y, aunque Juan no lo menciona, la Cena del Señor es instituida también. En este contexto, Jesús ha estado enseñando y animando. Al principio su enseñanza era interrumpida por preguntas de los Apóstoles, pero habiendo sido respondidas, continua ahora durante un largo espacio de tiempo sin que haya comentarios por parte de Sus discípulos.

En el capítulo 15, aborda tres temas que no están directamente relacionados con la cruz, sino más bien en cómo deben actuar debido a la cruz de Cristo.

1. Deben dar fruto - 15: 1-11

Jesús ya les ha enseñado acerca de la obediencia acompañada de amor, es la respuesta de fe que Él pide. En el capítulo 15 explica con detalle las bendiciones y desgracias que conllevan para cada uno la obediencia o desobediencia.

Vs. 1-2 – Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto.

Estos dos primeros versículos resumen los once versículos completos que abordan este tema. Se trata de una alegoría (el uso de imágenes para dar una idea en términos concretos). Por ejemplo: Jesús = real; vid = imagen; Padre = real; viñador = imagen.

Jesús usa muchas de estas declaraciones alegóricas del "YO SOY" para expresar una idea concreta:

Aquí, la imagen es de una vid y su fruto, un paisaje común en Israel. Jesús dice que Él es la vid verdadera, queriendo significar la vid "real", la vid original sobre la que todas las demás están estampadas en diseño y función. También dice que el Padre hace el trabajo de podar esa vid. Jesús da el fruto; el Padre cosecha lo bueno y elimina lo improductivo. Los discípulos son las ramas que están conectadas a la vid. El fruto es lo que producen los discípulos debido a su relación con Jesús.

En Gálatas, Pablo nos dice que el "fruto" producido en las vidas de los discípulos a través del Espíritu Santo incluye amor, gozo, paz, paciencia, bondad, amabilidad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio: "el fruto del Espíritu".

En la declaración resumida, Jesús explica las siguientes ideas:

  1. Él es la única vid que produce este tipo de frutos. Hay otras vides, pero solo Él es la vid verdadera.
  2. Debes estar conectado con Él para convertirte en una rama -sarmiento- que lleve fruto de este tipo.
  3. Dios Padre participa activamente en la poda para el crecimiento, podando la madera muerta.
  4. O produces fruta, en cuyo caso eres podado para permitir un mayor crecimiento; o no produces, y entonces eres podado por completo.
Vs. 3-11 – Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer. Si alguno no permanece en mí, es echado fuera como un sarmiento y se seca; y los recogen, los echan al fuego y se queman. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así probéis que sois mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto.

Tras Su declaración de apertura, la primera pregunta de los apóstoles bien podría haber sido sobre su propia situación, si eran o no dignos de ser sarmientos unidos a Jesús. El Señor les asegura que están "limpios", son dignos, puros, un estado que han alcanzado porque han creído en la palabra de Jesús.

En otras palabras, no son sarmientos debido a su cercanía a Jesús, sino porque creyeron en La palabra de Jesús, y la han obedecido. Esto es lo que les hace estar limpios.

Jesús enfatiza que, si desean producir fruto, deben seguir siendo parte de Él. Pasa luego a mencionar siete detalles específicos sobre la relación entre la vid, el viñador y el sarmiento:

  1. Te conviertes en sarmiento al creer y obedecer la palabra de Cristo.
  2. Sigues siendo una rama o sarmiento y produces fruto al continuar creyendo y obedeciendo las palabras de Cristo.
  3. Cuanto más creas y obedezcas, más fruto producirás.
  4. Cuanto menos creas y obedezcas, menos producirás y más riesgo correrás de ser podado y destruido.
  5. Cuanto más creas y obedezcas, mayor poder en ser contestadas tienen tus oraciones.
  6. El dar mucho fruto glorifica a Dios.
  7. El camino hacia una vida gozosa es dar muchos frutos a través de la obediencia a la palabra de Cristo y el amor a los demás. Ello reflejará la relación y el gozo que Jesús tiene con el Padre. Así es como nos ganamos la "experiencia" de ser parte de la Deidad porque estamos en, o unidos a Cristo.

Tras completar Su descripción y enseñar usando la imaginería de la vid, Jesús retoma la última idea de "amor" y crea otra sección de enseñanzas sobre lo que deben hacer cuando Él se haya ido.

2. Deben amarse los unos a los otros - vs.12-17

Vs. 12-13 – Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros, así como yo os he amado. Nadie tiene un amor mayor que este: que uno dé su vida por sus amigos.

Jesús continúa con el estilo utilizado anteriormente. Resume la idea y luego la explica con detalle. Jesús ya les había dado la instrucción de amarse los unos a los otros muchas veces y de diferentes maneras (i.e., lavado de pies). La diferencia ahora está en que Él establece el nivel máximo de amor como el dar la vida por un amigo.

Puede que no se les pida que hagan esto, pero la voluntad de hacerlo marcará su amor como del tipo que Él tenía por ellos. Moriríamos instintivamente para proteger a nuestra familia, o quizás por un ideal. Morir por un amigo es un acto deliberado, un intercambio directo de una vida por otra.

A pesar de que Él menciona la muerte y Su muerte no era solo por Sus amigos, sino también por Sus enemigos (lo que hace que Su amor sea divino), Jesús no se detiene en esta idea.

Vs. 14-15 – Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre.

Jesús se centra en la palabra "amigos" y saca a relucir la idea de que se han convertido en Sus amigos. En realidad, son Su creación, Sus esclavos, Sus discípulos en el mejor de los casos; pero Jesús los eleva (y a nosotros) al nivel de "amigos" en función de su fe y obediencia.

Son amigos porque ahora conocen el secreto, el misterio, el propósito de Su venida (Su muerte y resurrección) y cómo funcionan las cosas espirituales (es decir, dar fruto, etc.).

Vs. 16-17 Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os escogí a vosotros, y os designé para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Esto os mando: que os améis los unos a los otros.

Sin embargo, su amistad tiene condiciones. Cada amistad las tiene, no importa lo relajada que sea (i.e., mantener el contacto, ser honesto y justo, no mencionar temas "delicados", etc.)

Una amistad con Jesús tiene condiciones especiales, pero sigue siendo una amistad porque conlleva todas las cosas -y más- que una amistad produce: compañerismo, aliento, apoyo, alegría, comunicación, edificación, etc. Todo esto recibimos y damos en una relación con Jesús.

Jesús califica la amistad y define las condiciones. Ello es así porque Él es Dios y nosotros no. Por ejemplo, cuando en el ejército, mi hija era amiga de otra chica que era sargento: en esta situación, el soldado de mayor rango pone límites y define la amistad, debido a su superioridad de rango y las órdenes bajo las cuales se hallaba, pero aun así había una amistad mutua satisfactoria que respetaba estos límites.

Por lo tanto, Jesús define la amistad en la que Él, como Dios, nos elige, como amigos y pone las condiciones de dicha amistad: producir fruto, oración en Su nombre, amor por los hermanos. Sus condiciones de amistad son todo lo que contribuye a la amistad: crecimiento espiritual continuo, diálogo continuo en oración, amor continuo en Su cuerpo.

3. Deben perseverar en el ministerio - vs. 18-27

Debemos recordar que Él les está preparando para Su partida, no sólo para los tres días tras la cruz, sino también para Su marcha definitiva cuando regrese al Padre, que tendrá lugar en cuarenta y tres días. Debe prepararles para lo que también deberán arrostrar tras esa partida.

Vs. 18-20 – Si el mundo os odia, sabéis que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no sois del mundo, sino que yo os escogí de entre el mundo, por eso el mundo os odia. Acordaos de la palabra que yo os dije: «Un siervo no es mayor que su señor». Si me persiguieron a mí, también os perseguirán a vosotros; si guardaron mi palabra, también guardarán la vuestra.

Nuevamente Jesús resume todo el pensamiento al inicio del pasaje. Básicamente, les advierte de cinco cosas:

  1. El mundo les odiará. Por si fuera el caso que pensaran que al traer la buena nueva de vida eterna y paz, alegría y amor para el mundo, el mundo sería feliz de escucharlo.
  2. El mundo les rechazará. Deben estar preparados para el odio y el rechazo porque así es como Le trataron.
  3. El mundo no les reconocerá. El odio y el rechazo de este mundo se debe a que perciben que no perteneces a este mundo (y es así, tú perteneces al mundo venidero).
  4. El mundo les perseguirá. Les rechaza y quiere destruir porque resultan amenazantes.
  5. El mundo no obedecerá la Palabra. Si no obedecieron al Señor cuando estuvo presente en toda Su gloria, no obedecerán cuando la misma palabra sea predicada por simples hombres.

No sucede así en todos los supuestos, pero será la regla de principio a medida que los Apóstoles empiecen a predicar cuando se haya ido, y quiere que estén preparados para ello.

Vs. 21 – Pero todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió.

Hay una razón por la que el mundo les odiará, rechazará, perseguirá y les desobedecerá, y no tendrá nada que ver con ellos. Es así como reacciona el mundo a la verdad del evangelio, porque no han aceptado al Padre en el pasado: los Gentiles están inmersos en completo paganismo e idolatría; y los Judíos han endurecido sus corazones al negarse a aceptar al enviado del Padre. En cualquier caso, el delito comienza con una ofensa contra el Padre.

Vs. 22-25 – Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado, pero ahora no tienen excusa por su pecado. El que me odia a mí, odia también a mi Padre. Si yo no hubiera hecho entre ellos las obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora las han visto, y me han odiado a mí y también a mi Padre. Pero han hecho esto para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: «Me odiaron sin causa».

Jesús continúa diciendo que este rechazo del Padre no tiene excusa. No tiene justificación en los gentiles porque, como Pablo dice, cuentan con un testimonio del Padre a través de la creación, a través de la conciencia y de la nación Judía. Tampoco en los Judíos, porque Jesús ha estado entre ellos enseñando y llevando a cabo milagros durante tres años y la Palabra proveyó advertencias sobre estos hechos.

Odiar a Jesús es odiar al Padre, y Jesús les dice que la oposición contra ellos, aun pudiendo ser fuerte, no tiene fundamento ni excusa.

Vs. 26-27 – Cuando venga el Consolador, a quien yo enviaré del Padre, es decir, el Espíritu de verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí, y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.

Esta advertencia podía sacudirles y asustarles, pero Jesús promete nuevamente que enviará al Espíritu Santo para estar con ellos. El Espíritu les ayudará en su ministerio (proporcionará testimonio) para que puedan afrontar toda esta oposición sin tropezar. Llegarán momentos difíciles y espantosos cuando Jesús muera. Serán momentos desalentadores en los que deberán irse y predicar el evangelio. Jesús les prepara para estos momentos alentándoles a continuar dando frutos, a continuar amándose los unos a los otros y servir en el ministerio.

Muchas veces, cuando nos encontramos con el rechazo o nuestra fe flaquea, tendemos a retroceder y agacharnos, en lugar de continuar haciendo lo que Jesús dice que debemos hacer cuando hay problemas: ser productivos, ser cariñosos y amables, ser útiles en el servicio.

Tarea de lectura: Juan 16:1-33