Juan relata cuatro diálogos que Jesús tiene con diferentes apóstoles después de haber compartido la cena de Pascua.
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En nuestro capítulo anterior comenzamos la sección del evangelio de Juan en la que Jesús está enseñando exclusivamente a Sus Apóstoles, dado que Su muerte es inminente. Estudiamos los eventos que tuvieron lugar mientras el Señor compartió con ellos la última cena de Pascua. Vimos que, aunque la Cena del Señor no se menciona aquí, Juan proporciona mucha información sobre los eventos que tuvieron lugar aquella noche.

Un acontecimiento importante fue el desenmascaramiento de Judas como traidor. Este puso en movimiento la secuencia de eventos que, finalmente, llevaron al arresto de Jesús. Con las pocas horas que quedaban antes de que Su sufrimiento comenzara, Jesús se centra en proporcionar a Sus Apóstoles las enseñanzas y el ánimo que necesitarán para lograr superar los próximos días.

Contamos con más enseñanzas y palabras de aliento del Señor tras Su resurrección e incluso tras Su ascensión al cielo (es decir, Pablo, Hechos 18: 9-10), pero esta sección del evangelio de Juan representa la última enseñanza completa y extensa que Él proporciona. Su corpus de enseñanzas y exhortaciones continuará durante varios capítulos y solo es interrumpido, ocasionalmente, por preguntas de los Apóstoles a raíz de lo que Jesús está diciendo.

La sección que cubriremos aquí incluye las enseñanzas de Jesús, las preguntas de cuatro de los Apóstoles y las respuestas del Señor a sus consultas (4 diálogos).

Diálogo #1 - Jesús y Pedro - 13:31-38

Vs. 31-33 – Entonces, cuando salió, Jesús dijo: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en Él. Si Dios es glorificado en Él, Dios también le glorificará en sí mismo, y le glorificará enseguida. Hijitos, estaré con vosotros un poco más de tiempo. Me buscaréis, y como dije a los judíos, ahora también os digo a vosotros: adonde yo voy, vosotros no podéis ir.

Con la marcha de Judas, Jesús supo que el ciclo de eventos que finalmente Le conduciría a la cruz tenía comienzo. Coloca Su sufrimiento y muerte en la misma categoría de Sus milagros, Sus profecías, Sus enseñanzas, Su resurrección y ascensión; todas estas cosas Le glorifican (señalan a Él como el Hijo de Dios).

Jesús declara que también la cruz es fuente de gloria para Él. Sabemos ahora que esto es así porque la cruz proporciona redención y salvación para todos los hombres, algo verdaderamente glorioso. Expresarlo es importante para Él, porque se producirá la tentación de ver Su cruz como objeto de vergüenza y derrota. No es así, dice Jesús. La cruz era el plan de Dios, el Padre envió al Hijo a la cruz y el hecho de que el Hijo esté listo para partir también glorificará, honrará y revelará al Padre, Su plan y Su sacrificio para salvar al hombre.

Padre e Hijo serán ambos glorificados (no deshonrados, como algunos Judíos pudieron pensar) junto a la cruz. Jesús les prepara para ver correctamente lo que ocurrirá pronto ("inmediatamente"). También les recuerda que ese es un lugar al que ni siquiera ellos son capaces de seguirlo: la cruz es exclusivamente Suya y no puede ser cargada por cualquier otra persona, ni siquiera ellos.

Vs. 34-35 – Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros.

El mandamiento de amar no es nuevo, pero la razón y la manera es nueva. Deben amarse los unos a otros por su fe en Jesús. Deben amarse los unos a los otros en la forma en que Él los amó. Deben usar su amor mutuo en nombre de Cristo como testimonio de su fe.

Para los judíos, tanto su sistema religioso como sus rituales les separaba de otras personas. Para los cristianos, será el amor de los unos por los otros, no su estilo de adoración o su sistema religioso lo que les distinguirá de los demás. Y Jesús entregando Su vida en la cruz, será para Sus discípulos el estándar de ese amor.

Vs. 36 – Simón Pedro le dijo: Señor, ¿adónde vas? Jesús respondió: Adonde yo voy, tú no me puedes seguir ahora, pero me seguirás después.

Pedro siente curiosidad por el destino de Jesús, pensando que es un lugar (tal vez fuera del país para predicar a los judíos de la Diáspora). Jesús repite Su declaración anterior relativa a la cruz y agrega que ellos también seguirán Su camino de sufrimiento, pero más tarde, refiriéndose a su propio martirio por el evangelio.

Vs. 37-38 – Pedro le dijo: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora mismo? ¡Yo daré mi vida por ti! Jesús le respondió: ¿Tu vida darás por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo sin que antes me hayas negado tres veces.

Pedro sospecha que se avecina algún tipo de peligro en el futuro ministerio del Señor; después de todo, habían sido amenazados de muerte por las autoridades Judías, anteriormente. Lleva a cabo una declaración precipitada: quiere continuar con el impulso producido por Jesús a toda costa, aun en caso de peligro futuro. Ama al Señor y quiere continuar Su ministerio.

Jesús, conocedor de la inmediatez de su muerte y sabedor de que Pedro no está preparado para afrontar esto, declara cómo reaccionará Pedro ante la posibilidad real de tortura y muerte. Culpamos a veces a Pedro por su comportamiento imprudente. Sin embargo, actuamos de la misma manera cuando pensamos que somos espiritualmente fuertes pero cedemos ante una pequeña tentación o encontramos excusas cuando se nos llama a dar o ayudar a otros.

Diálogo #2 - Jesús y Tomás - 14:1-6

Vs. 1-4 – No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros. Y conocéis el camino adonde voy.

La velada se ha vuelto bastante deprimente. Judas se ha ido. A Pedro se le ha dicho que negará al Señor esa misma noche. El Señor está hablando de abandonarles. De modo que Jesús cambia de marcha y les transmite palabras de ánimo. Ve sus corazones atribulados y les dice que no se desanimen. Les señala el futuro que Les está preparando en el cielo.

El lenguaje figurativo de las moradas y la casa se utiliza para consolar a los Apóstoles con la idea de que hay un lugar en el cielo para cada uno de ellos, independientemente de sus talentos, disposición, fuerza o riqueza. Les asegura que Él mismo garantizará su entrada.

Vs. 5 – Tomás le dijo: Señor, si no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?

Tomás pone de manifiesto que todavía no comprenden que Él les está hablando de Su muerte, resurrección y ascensión al cielo. Si no sabemos adónde vas, ¿cómo podremos conocer el camino para llegar?

Vs. 6 – Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.

Jesús responde de una manera hermosa y perfectamente concisa: el camino al cielo es Él mismo; el destino en el cielo es Él mismo; la experiencia (vida) del cielo es Él mismo. Vemos en este diálogo un desafío -una vez más- de Jesús hacia Sus discípulos para que tengan una creencia fundamentada en Su profecía y enseñanzas.

Diálogo #3 - Felipe - 14:7-15

Vs. 7 – Si me hubierais conocido, también hubierais conocido a mi Padre; desde ahora le conocéis y le habéis visto.

Jesús prosigue con la idea provocada por la pregunta de Tomás y la amplía. Existe cierto debate sobre la redacción de este versículo. Algunos eruditos argumentan que debería leerse, "En la forma en que me habéis conocido, conoceréis al Padre".

Otros afirman que debería leerse como la versión NASB (New American Standard) que se traduce como: "Si me hubieras conocido, hubieras conocido a mi Padre". La diferencia es que la una es una promesa y la otra es una reprensión. De cualquier manera, Jesús termina el versículo diciendo que, con independencia de lo que hubiera sucedido antes, pueden tener esperanza de conocer al Padre, ahora, porque ya Le han visto a Él en carne. Esta, por supuesto, es otra declaración de Jesús acerca de su naturaleza divina.

Vs. 8 – Felipe le dijo: Señor, muéstranos al Padre, y nos basta.

Felipe solo entiende parte. Piensa que Jesús les puede mostrar un signo, una visión del Padre (es decir, algo como la zarza ardiente). Felipe piensa que, si Jesús hiciera esto, sería la "señal" que confirmara todo lo que Él ha dicho y quedarían satisfechos.

Vs. 9-15 – Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo he estado con vosotros, y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os digo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí es el que hace las obras. Creedme que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí; y si no, creed por las obras mismas. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores que estas hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré. Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.

La pregunta inicial de Jesús en respuesta a Felipe muestra cuán dolorido está por su falta de entendimiento, pero trata de convencerle más. Si necesitas una prueba de que soy divino (el Padre en mí, y yo en el Padre) examina mis obras (milagros). Que yo declare mi divinidad es otra prueba de que el Padre está en mí. Yo no diría esto si no fuera el caso (sería pecaminoso y digno de la muerte).

A mayor abundamiento, Jesús agrega otras pruebas de su identidad divina: los Apóstoles obrarán milagros en Su nombre; Él responderá a sus oraciones.

Termina imponiendo una condición que solo Dios puede imponer e impuso en el pasado: que su fe, amor y devoción fueran medidos por la obediencia.

Diálogo #4 – Judas (Tadeo) – 14:16-24

Vs. 16-21 – Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre; es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni le ve ni le conoce, pero vosotros sí le conocéis porque mora con vosotros y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Un poco más de tiempo y el mundo no me verá más, pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En ese día conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre; y yo lo amaré y me manifestaré a él.

Jesús construye otra idea fundamentada en la que acababa de dar, como respuesta a Felipe. Felipe quería tener una visión clara, una experiencia del Padre, algo que "permaneciera" con ellos en ese futuro turbulento del que Jesús les hablaba. Jesús promete que, incluso si les deja, no estarán solos, no estarán sin el consuelo espiritual que tienen y han experimentado con Su presencia entre ellos.

Refiriéndose todavía a su asociación con el Padre, Jesús promete pedirLe al Padre que envíe al Espíritu, no solo para estar entre ellos, sino para mantenerse dentro de ellos; no solo por un tiempo, sino para siempre. Ha estado con ellos por medio de Cristo, pero estará en ellos cuando Cristo se vaya. Reconocerán al Espíritu porque les traerá la verdad, la misma verdad que originalmente les fue dada a través de Jesús.

Les señala el futuro y, una vez más, habla de Su muerte, pero ahora agrega la idea de Su resurrección y les dice que la señal de Su resurrección les garantizará la suya propia. Este milagro final (resurrección) será la prueba que Felipe necesita para creer en la divinidad de Jesús. Esta prueba también confirmará todo lo que Él les ha dicho, incluso la profecía acerca del envío del Espíritu y su propia resurrección.

Al final, repite nuevamente que el amor cristiano se expresa en obediencia a la palabra de Cristo y aquellos que obren así serán recompensados por la "experiencia" que Felipe buscaba y no pudo encontrar. Esa experiencia era la "manifestación de Dios". Dios Se "manifiesta" al creyente a través del Espíritu Santo, Su Palabra y la vida amorosa de los creyentes. Todos estos elementos fueron posibles a través de Jesucristo.

Vs. 22 – Judas (no el Iscariote) le dijo: Señor, ¿y qué ha pasado que te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?

Jesús ha centrado Su atención y promesas en los Apóstoles. Judas (no el traidor) plantea otro punto: si nuestra tarea es convertir a los demás, ¿cómo es que solo Te estás revelando a nosotros? ¿Por qué no a los Judíos? Judas (Tadeo) se pregunta si ha habido un cambio de planes.

Vs. 23-24 – Jesús respondió, y le dijo: Si alguno me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos con él morada. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que oís no es mía, sino del Padre que me envió.

Jesús le responde que la revelación que el Padre dirige a todos consiste en la aceptación del Hijo. Si una persona acepta al Hijo (amándolo a través de la obediencia a Su palabra), tanto el Padre como el Hijo les serán revelados. No hay cambio de plan, es una aclaración de cómo estas cosas espirituales sucederán Esta instrucción proviene de Dios mismo.

El Señor asegura, no solo a Judas sino a los demás Apóstoles, que lo que lo que desean (seguridad y consuelo de Dios) está a su alcance, ante ellos, en persona.

Resumen - vs. 25-31

Jesús ha respondido a sus preguntas y resumirá Su respuesta acerca de estas cuestiones.

Vs. 25-27 – Estas cosas os he dicho estando con vosotros. Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Jesús renueva Su promesa sobre el Espíritu Santo una vez más, pero esta vez enfatiza el hecho de que el Espíritu Santo no sólo les consolará y les dirá la verdad, también permitirá que recuerden y comprendan todas las enseñanzas de Cristo. Algo que es realmente renconfortante.

Así es como Su paz les será impartida. El mundo intenta la paz con tratados o amenazas. Jesús les da un conocimiento y comprensión de la verdad; lo que trae paz.

Cuando aúnen las enseñanzas y promesas de Cristo con Su resurrección tendrán paz respecto de sus vidas aquí y respecto de su esperanza de vida eterna; no habrá miedo o ansiedad (problemas).

Les recuerda Su profecía:

Vs. 28-31 – Oísteis que yo os dije: «Me voy, y vendré a vosotros». Si me amarais, os regocijaríais porque voy al Padre, ya que el Padre es mayor que yo. Y os lo he dicho ahora, antes que suceda, para que cuando suceda, creáis. No hablaré mucho más con vosotros, porque viene el príncipe de este mundo, y él no tiene nada en mí; pero para que el mundo sepa que yo amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos, vámonos de aquí.

Jesús evalúa la situación como debe ser: si realmente Le amaran, estarían felices de que Él abandone este cuerpo terrenal para estar con el Padre. Al fin y al cabo, una vez esté con el Padre no sólo habrá terminado Su sufrimiento, sino que podrá enviar al Espíritu Santo. Cuando Jesús se refiere al Padre como más grande que Él mismo, se refiere a Él mismo como hombre -especialmente como uno condenado a muerte.

Repite Su profecía de los eventos venideros para que recuerden claramente que Él lo señaló con antelación (muerte y resurrección). Esta es otra invitación creer, pero que apunta al futuro: cuando veáis que todas las cosas que predije sucederían, suceden realmente, permitid que sea ello otra razón para creer.

Afirma que Su propio fin está cerca y Satanás hará su trabajo para destruirLe. Pero quiere que sepan que aceptará la tortura y la muerte, porque el Padre Le ordenó hacer esto y Él obedecerá para poner de manifiesto Su amor; otro ejemplo a seguir, la obediencia que prueba el amor.

Termina pidiendo que se incorporen de la mesa, no que salgan de la estancia. Mientras todavía están en ella, Él continuará enseñándoles y animándoles.

Tarea de lectura: Juan 15:1-27