Jesús realiza un gran milagro e inmediatamente es atacado por sus enemigos en el liderazgo judío. Esta lección detalla el diálogo que el Señor tiene con los fariseos.
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Este capítulo y escena se dividen en tres secciones:

1. Jesús sana al ciego - vs. 1-12

Juan describe otro milagro que realiza Jesús, esta vez la curación de un ciego de nacimiento. Este acto preparará el escenario para un debate que se llevará a cabo lejos de la presencia de Jesús esta vez.

2. El debate - vs. 13-34

Juan describirá un debate que se desata entre los Fariseos y la gente acerca del milagro que Jesús ha llevado a cabo. También describirá el cuestionamiento que el hombre y su familia sufren a manos de los líderes judíos.

3. Jesús declara Su deidad - vs. 35-41

Jesús se enfrentará una vez más al hombre al que sanó, pero esta vez le revela Su persona. El capítulo se cerrará con un debate final entre Jesús y los Fariseos por lo que ha hecho y dicho.

El capítulo 10 también incluirá una discusión entre Jesús y estos mismos Fariseos y más declaraciones acerca de Su deidad, y veremos que el capítulo finaliza cuando Jesús deja esta área y continua Su ministerio en otra ubicación geográfica.

La curación

La primera parte del capítulo nueve, trata del milagro que Jesús llevó a cabo realmente sobre el hombre que nació ciego.

Vs. 1-2 – Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?

La pregunta de Su discípulo establece una oportunidad de enseñanza para Jesús. Los Judíos de la época creían que había una correlación directa entre enfermedad y pecaminosidad. Las preguntas que hacían los discípulos derivaban del hecho que la persona había nacido ciega. Si ya era ciega al nacer, entonces, ¿de quién era el responsable de esta enfermedad? ¿los pecados de sus padres o sus propios pecados?

Vs. 3-5 – Jesús respondió: Ni este pecó, ni sus padres; sino que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él. Nosotros debemos hacer las obras del que me envió mientras es de día; la noche viene cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo.

Jesús no responde a esta pregunta en particular, porque Él les habría explicado que nacer ciegos o volverse ciego es el resultado de la naturaleza caída del hombre. Enfermedad, dolencia, accidentes y muerte provienen de la naturaleza caída de la humanidad que encuentra su fuente en el primer pecado de Adán. Jesús elige no explicar este hecho teológico a Sus discípulos, sino que utiliza esta oportunidad para enfocar nuevamente su atención en Su divinidad. Les dice que en este caso particular, la ceguera está ahí para brindar una oportunidad de mostrar el poder de Dios.

Asumen que Él estará allí por mucho tiempo y continuará Su ministerio durante mucho tiempo. Jesús comprende que Su ministerio entre ellos será de corta duración y debe lograr muchas cosas en un breve período de tiempo. Téngase en cuenta que vuelve sobre el tema de la luz y el hecho de que Él es la luz del mundo. El milagro que realizará será mostrar que Él es la luz del mundo y Sus palabras acerca de ello son ciertas.

Vs. 6-7 – Habiendo dicho esto, escupió en tierra, e hizo barro con la saliva y le untó el barro en los ojos, y le dijo: Ve y lávate en el estanque de Siloé (que quiere decir, Enviado). Él fue, pues, y se lavó y regresó viendo.

Se ha dicho mucho sobre el hecho de que Jesús hizo una mezcla de arcilla, la aplicó a los ojos del hombre y le dio instrucciones para que fuera lavarse los ojos. Podía haber dicho fácilmente: "Abre tus ojos y ve" y el milagro se habría completado de este modo. La mayoría de los eruditos creen que la razón por la que Jesús fue a través de este proceso es probablemente porque quería que el hombre participara en su propia curación.

Siendo como era, que no había visto nunca, el hombre ahora se da cuenta de que ha sido llevado a cabo un milagro o un esfuerzo para devolverle la vista. Poner el barro en sus ojos no tiene otro propósito medicinal que el de dar al hombre algo que hacer como respuesta de fe (del mismo modo que el bautismo no tiene efecto medicinal). Y vemos al hombre yendo a la piscina señalada para hacer exactamente lo que Jesús dijo, y como resultado recuperó su vista.

El punto aquí es que el milagro se realiza mediante el poder de Jesús, pero el hombre responde con fe al obedecer La palabra de Jesús e ir a lavarse el barro de sus ojos ciegos a la piscina de Siloé. En lo que respecta al hombre, no hay duda de quién ha realizado el milagro, porque él ha sido tocado por Jesús, ha oído a Jesús hablarle, ha respondido a Jesús obedeciendo Su mandato de lavarse sus ojos.

Vs. 8-12 – Entonces los vecinos y los que antes le habían visto que era mendigo, decían: ¿No es este el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: Él es; y otros decían: No, pero se parece a él. Él decía: Yo soy. Entonces le decían: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? Él respondió: El hombre que se llama Jesús hizo barro, lo untó sobre mis ojos y me dijo: «Ve al Siloé y lávate». Así que fui, me lavé y recibí la vista. Y le dijeron: ¿Dónde está Él? Él dijo: No sé.

En este particular pasaje, Juan describe la reacción de los vecinos del ciego a su curación milagrosa. No es una cuestión de creer o no creer, constatan con claridad que ahora tiene vista, simplemente no están seguros de quién ha realizado el milagro. Obviamente, se ha realizado un gran milagro entre ellos y desean darlo a conocer a sus líderes, por lo que en la siguiente sección veremos a la gente llevar al ciego a los líderes de la nación.

Debate entre los Fariseos

Veremos aquí que este milagro creará polémica, porque fue realizado en sábado. Juan describe el debate entre los Fariseos en términos de dos testimonios que lleva a cabo el ciego acerca de Jesús, cuando lo llevan ante ellos.

Testigo #1

Vs. 13-23 – Llevaron ante los fariseos al que antes había sido ciego. Y era día de reposo el día en que Jesús hizo el barro y le abrió los ojos. Entonces los fariseos volvieron también a preguntarle cómo había recibido la vista. Y él les dijo: Me puso barro sobre los ojos, y me lavé y veo. Por eso algunos de los fariseos decían: Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el día de reposo. Pero otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer tales señales? Y había división entre ellos. Entonces dijeron otra vez al ciego: ¿Qué dices tú de Él, ya que te abrió los ojos? Y él dijo: Es un profeta. Entonces los judíos no le creyeron que había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, y les preguntaron, diciendo: ¿Es este vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve? Sus padres entonces les respondieron, y dijeron: Sabemos que este es nuestro hijo, y que nació ciego; pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos; o quién le abrió los ojos, nosotros no lo sabemos. Preguntadle a él; edad tiene, él hablará por sí mismo. Sus padres dijeron esto porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya se habían puesto de acuerdo en que si alguno confesaba que Jesús era el Cristo, fuera expulsado de la sinagoga. Por eso sus padres dijeron: Edad tiene; preguntadle a él.

En este pasaje los Fariseos preguntan al ciego acerca de su vista recuperada milagrosamente y éste reconoce que era ciego y fue sanado. Se genera una gran duda acerca de esto, por lo que los líderes de los Judíos quieren interrogar a sus padres, para ver si se trata de algún truco. Sus padres son llevados ante ellos, pero se niegan a dan testimonio, porque tienen miedo de los Judíos. El final, simplemente dicen a los líderes que pregunten a su hijo, que es adulto y puede hablar por sí mismo.

Testigo #2

Vs. 24-34 – Por segunda vez llamaron al hombre que había sido ciego y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que este hombre es un pecador. Entonces él les contestó: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé: que yo era ciego y ahora veo. Le dijeron entonces: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? Él les contestó: Ya os lo dije y no escuchasteis; ¿por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es que también vosotros queréis haceros discípulos suyos? Entonces lo insultaron, y le dijeron: Tú eres discípulo de ese hombre; pero nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés, pero en cuanto a este, no sabemos de dónde es. Respondió el hombre y les dijo: Pues en esto hay algo asombroso, que vosotros no sepáis de dónde es, y sin embargo, a mí me abrió los ojos. Sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguien teme a Dios y hace su voluntad, a este oye. Desde el principio jamás se ha oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento. Si este no viniera de Dios, no podría hacer nada. Respondieron ellos y le dijeron: Tú naciste enteramente en pecados, ¿y tú nos enseñas a nosotros? Y lo echaron fuera.

Al principio, sugieren que puede estar mintiendo. Cuando dicen: "Da gloria a Dios", están diciendo: "Di la verdad ya". Quieren que reconozca que Jesús es un farsante y un pecador porque ha realizado este milagro en sábado, en violación de sus reglas. En su segundo testimonio, el hombre sanado es mucho más audaz y toma el liderazgo al desafiarles con el milagro que Jesús ha realizado en él. Los líderes claman ser superiores porque son discípulos de Moisés y afirman conocer la Ley. El hombre responde que, conozcan la ley o no, el hecho de que Jesús sanó su ceguera triunfa sobre todos sus "supuestos" conocimientos. Al final, los Fariseos son incapaces de resistir su fría y clara lógica y proceden simplemente a insultarle y sacarlo de la estancia.

Jesús afirma su deidad

Hasta este momento de la historia, el hombre no ha visto todavía a Jesús. Le ha escuchado, le ha respondido obedeciendo, pero una vez sus ojos se abrieron, no le vio en realidad ni sabía cómo era Jesús. En este último pasaje, sin embargo, Juan describe el encuentro cara a cara que tiene el hombre quien lo sanó.

Vs. 35-38 – Jesús oyó decir que lo habían echado fuera, y hallándolo, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo del Hombre? Él respondió y dijo: ¿Y quién es, Señor, para que yo crea en Él? Jesús le dijo: Pues tú le has visto, y el que está hablando contigo, ese es. Él entonces dijo: Creo, Señor. Y le adoró.

Aquí se produce un diálogo entre Jesús y el hombre. Nótese que Jesús llama al hombre a creer en Él y el hombre sanado, no solo reconoce su fe sino que -Juan dice- adoró a Jesús. El hecho de que lo adoró muestra que su fe era sincera.

Vs. 39-41 – Y Jesús dijo: Yo vine a este mundo para juicio; para que los que no ven, vean, y para que los que ven se vuelvan ciegos. Algunos de los fariseos que estaban con Él oyeron esto y le dijeron: ¿Acaso nosotros también somos ciegos? Jesús les dijo: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero ahora, porque decís: «Vemos», vuestro pecado permanece.

En estos pocos versículos, Jesús hace varios juegos de palabras que resumen bien la condición de los que creen y de los que no creen.

  1. Él equipara a los que creen con los que son capaces de ver. Tanto si son físicamente capaces de ver o no, el hecho de que crean significa que son capaces de percibir la verdad.
  2. Los que no creen son comparados con los que son ciegos. Tanto si pueden ver como si no, el hecho de no creer muestra que están en realidad espiritualmente ciegos, porque no pueden captar la verdad.

Al final, Jesús lanza una acusación a los Fariseos porque se quejaban de que Sus condenas estaban dirigidas a ellos. Jesús les dice, "si al menos reconocierais que no conocíais la verdad, podríais ser inocentes en este asunto, pero dado que os jactáis de que sois guardianes de la verdad y me negáis, sois acusados y declarados culpables de este pecado de incredulidad".

En este pasaje final, vemos a Jesús no solo declarando Su divinidad, sino también uniendo a Su declaración la acusación de que aquellos que no creen en Su divinidad están sujetos a condena. De esta manera, Jesús eleva el listón por lo que hace a la la importancia de creer en Él. Para los que creen, hay gran recompensa y para aquellos que no creen, condena.

Resumen

Jesús continuará su diálogo con los Fariseos en el próximo capítulo y continuará afirmando Su deidad. Por ahora, los deja con otro milagro incontestable que apunta a Su divinidad. Y, una vez más, los Fariseos refunfuñan sobre la cuestión de cuándo se realizó el milagro, en lugar del poder y el significado del acto mismo. La ironía se produce cuando la persona que era ciega es capaz de ver claramente el significado de lo que le había sucedido, y aquellos que afirmaban ser los líderes y los visionarios de la sociedad eran claramente ciegos respecto de lo que tenían ante sí.

Tarea de lectura: Juan 10:1-42