Más diálogo entre Jesús y una mujer sorprendida en adulterio, así como su denuncia de los hipócritas líderes judíos.
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En el capítulo anterior vimos a Jesús entre la gente, en el templo, en la Fiesta de las cabañas. Durante ese tiempo en el templo, enseña al pueblo y, en consecuencia, se Le acusa de diversos cargos:

  • Lo acusan de incompetente.
  • Lo acusan de estar poseído por un demonio.

Jesús responde declarando su ignorancia y Su respuesta crea división entre ellos, líderes, ciudadanos y pueblo.

Al final, Jesús les ruega que crean en Él y el capítulo siete termina con la gente reaccionando a la aparición de Jesús en Jerusalén, de diversas maneras:

  • La multitud está dividida, algunos creen y otros no.
  • Los guardias del templo enviados para arrestarLe están deslumbrados por Su enseñanza y no encuentran oportunidad de arrestarLe.
  • Los fariseos y los líderes despiden a los guardias y las multitudes ignorantes y comienzan a conspirar contra él.

Así termina el capítulo 7 que nos lleva a la siguiente escena, donde Jesús regresa al templo, al día siguiente, para enfrentarse a los Fariseos una vez más.

1. La mujer adúltera - 8:1-11

Vs. 1 – Pero Jesús se fue al Monte de los Olivos.

Juan dice que Jesús fue al monte de los Olivos, que es un ladera y valle conectados con la misma ciudad. El monte de los Olivos se compone e incluye el huerto de Getsemaní, donde Jesús iba a menudo para estar solo en oración, y lo hizo también en esta ocasión.

Vs. 2 – Y al amanecer, vino otra vez al templo, y todo el pueblo venía a Él; y sentándose, les enseñaba.

Jesús vuelve a enseñar a las personas que estaban alrededor del templo y es en ese momento cuando es interrumpido por los Escribas y los Fariseos.

Vs. 3-6 – Los escribas y los fariseos trajeron a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio. Y en la ley, Moisés nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres; ¿tú, pues, qué dices? Decían esto, probándole, para tener de qué acusarle. Pero Jesús se inclinó y con el dedo escribía en la tierra.

La clave aquí está en el versículo 6, donde Juan dice que estaban haciendo esto con el fin de ponerLe a prueba, para tener una manera de acusarLe y condenarLe. Los fariseos y los Escribas trataban de atraparLe de dos maneras:

  1. Si dijera que la dejaran ir, lo acusarían de ser suave con el adulterio y, por lo tanto, no cumplir con la Ley.
  2. Si, por el contrario, dijera "Sí, apedreémosla según la Ley de Moisés", Le acusarían de desobedecer la ley romana. Los judíos no tenían permiso para ejecutar.

En este punto, incluso el hallazgo de la mujer resulta cuestionable. Da la impresión de que estuviera todo preparado para que fuera pillada y se creara esta oportunidad particular para tratar de atrapar a Jesús.

Vs. 7-9 – Pero como insistían en preguntarle, Jesús se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra. E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Pero al oír ellos esto, se fueron retirando uno a uno comenzando por los de mayor edad, y dejaron solo a Jesús y a la mujer que estaba en medio.

No sabemos lo que Jesús escribió en el suelo, no tenemos ni idea de por qué lo hizo o lo que estaba escribiendo o dibujando. Hay mucha especulación acerca de ello, simplemente no lo sabemos. Sabemos, in embargo, de dónde cita cuando dice: "El que entre vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojarle una piedra". Está citando Deuteronomio 17:7.

En este pasaje, Moisés daba instrucciones sobre cómo debe llevarse a cabo la lapidación por este pecado. La idea era que los testigos del adulterio debían ser los primeros en lanzar las piedras en el castigo, y tras haber arrojado sus piedras, la gente debía arrojar las suyas para terminar el trabajo.

De modo que Jesús los está dirigiendo a este mandamiento de la Ley de Moisés, pero agrega la idea de que quien arroje la primera piedra debe ser alguien que no haya pecado, no sólo ser un testigo. Una vez dicho esto, los ignora y les permite reflexionar acerca de ello. Como es natural, una vez lo escuchan, son ellos los que quedan atrapados. Si arrojan la piedra, reconocen que son hipócritas y además violan la ley romana; si no tiran la piedra, reconocen que son pecadores. Para ellos, consiste en el reconocimiento de un mal menor. Es mejor ser reconocido como un pecador que como un hipócrita.

En Su diálogo con la mujer, Jesús muestra una forma alternativa de tratar con los pecadores. Ofrece perdón en lugar de condena y castigo. En esta pequeña escena vemos la diferencia entre el resultado de la Ley que vino a través de Moisés y que estos hombres estaban tratando de representar, y la gracia de Cristo que Jesús estaba trayendo al mundo. Una condena y castiga por cualquier infracción, la otra ofrece perdón y restauración para aquellos que reconocen su equivocación.

Vs. 10-11 – Enderezándose Jesús, le dijo: Mujer, ¿dónde están ellos? ¿Ninguno te ha condenado? Y ella respondió: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Yo tampoco te condeno. Vete; desde ahora no peques más.

Al decir a la mujer que Él no la condena y que debería marcharse y no pecar más, Jesús estaba mostrando el equilibrio entre la gracia y el reconocimiento del pecado y arrepentimiento. Sí, la había perdonado; sí, no la condenó, pero no fue porque no viera ningún pecado en ella. Le ofreció perdón con la condición de que se arrepintiera. No sabemos qué hizo la mujer y cómo actuó tras este evento. Solo podemos especular que su contacto con Jesús y Su conducta amable hacia ella la motivó a continuar esforzándose por no pecar más.

2. Los fariseos - 8:12-30

El evento de la mujer adúltera prepara ahora el escenario para el diálogo que continuará entre Jesús y sus enemigos feroces, los Fariseos. Ahora que ha logrado escapar de su trampa, comenzará con una declaración que los llevará a un diálogo con él.

Vs. 12 – Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Una vez más, Jesús invita a la gente a creer en Él. Una persona normalmente diría, proporciono luz para aquellos que están en la oscuridad, pero Jesús dice: "Yo soy la luz". Él afirma que Él, no es solo parte de la luz, sino toda la luz que brilla, no solo ilumina en alguna parte de la oscuridad sino que ilumina toda la oscuridad.

También puede verse en este versículo que Él equipara la luz con la vida. En otras palabras, si una persona tiene luz, esa misma persona tiene vida. Por supuesto, la luz de la que está hablando es la verdad. El entendimiento que uno adquiere cuando conoce a Dios. Su idea es que, si conoces la verdad, entonces no tienes tan solo vida humana ordinaria, sino vida espiritual que, en esencia, es la vida eterna.

Por supuesto, Jesús está declarando una vez más Su divinidad y Su asociación con Dios. Nótese que el ciclo comienza nuevamente cuando Jesús declara Su naturaleza divina a aquellos que quieran escuchar.

Vs. 13 – Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.

Los Fariseos desechan lo que dice y no hacen comentario alguno al respecto. Están más interesados en desacreditarLe que en entender lo que dice. Se centran en considerar lo que ven una debilidad: el hecho de haber dicho algo sobre Sí mismo. Lo acusan de dar testimonio o de fanfarronear sobre Sí mismo, y afirman que, si lo hace, compromete lo que dice sobre Sí mismo. En otras palabras, si vas alardeando de ti mismo, entonces lo que dices no es verdad.

Vs. 14-18 – Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque yo sé de dónde he venido y adónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. Pero si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el Padre que me envió. Aun en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí.

En este pasaje, Jesús responde desde la perspectiva de Su naturaleza divina. Les dice que, a pesar de tratarse de una declaración sobre Sí mismo, esa declaración es, no obstante, verdadera porque:

  1. Tiene un conocimiento completo de todo su pasado y todo su futuro, y ellos no.
  2. Su evaluación acerca de Su identidad no se fundamenta en Su propia opinión, únicamente, sino en la opinión de sí mismo y la del Padre.
  3. Que dos estén de acuerdo en una cosa es lo que exige la Ley para establecer su validez. Por tanto, dado que Jesús y el Padre están de acuerdo en quién es Él y lo que dice, su testimonio es verdadero.

Debemos percatarnos que la respuesta de Jesús y la justificación sobre lo que acaba de apuntar proviene de Su conocimiento divino como Dios y no como hombre. Por eso dice que no juzga desde una perspectiva carnal. Un ser humano no podría decir las cosas que dice Él sobre Sí mismo. Sin embargo, dado que Jesús es también divino, puede decir las cosas que dice, porque es verdadero y porque Dios las confirma.

Vs. 19a – Entonces le decían: ¿Dónde está tu Padre?

Nuevamente los Fariseos responden con malentendidos y confusión. Piensan que Él está hablando de Su padre, un padre terrenal, cuando Jesús está hablando del Padre celestial. Quieren saber dónde está el padre del que está hablando para verificar las cosas que Jesús está diciendo.

Vs. 19b – Entonces le decían: ¿Dónde está tu Padre? Jesús respondió: No me conocéis a mí ni a mi Padre. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre.

Jesús les responde claramente que, por la forma en que lo tratan, muestran que no conocen a su Padre y no pueden conocerLe.

Vs. 20 – Estas palabras las pronunció en el lugar del tesoro, cuando enseñaba en el templo; y nadie le prendió, porque todavía no había llegado su hora.

Una vez más, Juan hace un comentario editorial sobre el hecho de que no lo apresaron en este momento porque Dios no quiso permitirlo.

Vs. 21 – Entonces les dijo de nuevo: Yo me voy, y me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado; adonde yo voy, vosotros no podéis ir.

Jesús prosigue el diálogo hablando una vez más desde la perspectiva divina. Aquí está hablando de Su muerte y resurrección y el hecho de que no podrán entender lo que ha sucedido porque no creen.

Buscarlo y tratar de ir donde Él va viene referido al hecho de que, con el entendimiento humano, intentan captar lo que sucederá, y errarán. Fracasarán porque no creen y morirán en sus pecados porque no creyeron en Él. Jesús los está condenando por su falta de fe, pero no comprenden ni siquiera la condena que Él les atribuye en ese momento.

Vs. 22 – Por eso los judíos decían: ¿Acaso se va a suicidar, puesto que dice: «Adonde yo voy, vosotros no podéis ir»?

En esto los Judíos muestran que, realmente, no comprenden de lo que está hablando. Piensan que Su referencia a la muerte significa que Él causará Su propia muerte.

Vs. 23-24 – Y Jesús les decía: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados.

Jesús reitera una vez más que son carnales, son de abajo y Él es espiritual, de arriba. Son de este mundo; Él es de otro mundo. Resume la idea diciéndoles más claramente que morirán en sus pecados porque no creen en él.

Sabemos, desde nuestra perspectiva de hoy, que la razón por la que mueren en sus pecados es porque sólo a través de la fe pueden tener sus pecados perdonados. No entienden ese principio en dicho momento, por lo que se hallan confusos.

Vs. 25a – Entonces le decían: ¿Tú quién eres?

Podemos decir, por este verso, que empiezan a abrir los ojos poco a poco, por el hecho de que, en realidad, se están haciendo pregunta decente. Al preguntar, "¿Quién eres tú?" los Judíos mostraron que están comenzando a sentir que Él es alguien muy especial. Por lo que preguntan: "Quién eres Tú" como una forma de hacerLe ser más claro respecto de Sus declaraciones sobre Su persona.

Vs. 25b-26 – Entonces le decían: ¿Tú quién eres? Jesús les dijo: ¿Qué os he estado diciendo desde el principio? Tengo mucho que decir y juzgar de vosotros, pero el que me envió es veraz; y yo, las cosas que oí de Él, estas digo al mundo.

Jesús les dice que ha estado tratando de explicarles esto desde el principio. Jesús, en el versículo 26, restablece la idea de que todo lo que les dice, ya sea algo que les enseñe o algo que haga juicio sobre ellos viene de Dios; El Dios que es verdadero. También dice que las cosas que Él pronuncia son solo las cosas que Dios le ha dado a decir. Por supuesto, ello es una declaración muy arrolladora que restablece la idea de que todo lo que Jesús está diciendo viene directamente de Dios. Aún así, en otro momento donde Jesús está declarando su divinidad preguntan "¿Quién eres?" y Él responde: "Yo soy el enviado de Dios".

Vs. 27 – No comprendieron que les hablaba del Padre.

Juan hace otro comentario editorial diciendo que los Judíos comprenden finalmente que les está hablando acerca de Dios y que Él se está poniendo a Sí mismo en la posición de Hijo de Dios y Portavoz de Dios. Ello no significa necesariamente que todos creyeran en lo que dijo, pero ahora, al menos, van entendiendo la razón de Sus manifestaciones.

Vs. 28-29 – Por eso Jesús dijo: Cuando levantéis al Hijo del Hombre, entonces sabréis que yo soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo estas cosas como el Padre me enseñó. Y El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque yo siempre hago lo que le agrada.

Nuevamente Jesús mira al futuro, a Su crucifixión y resurrección y dice que ello proporcionará la prueba de que necesitan creer las cosas que les está diciendo ahora.

En el versículo 29, repite simplemente la idea de que Dios es quien Lo envió; Dios es el que está con Él; Dios no lo dejará solo, ni ahora ni en el futuro, y que todas las cosas que Él hace agradan a Dios.

Vs. 30 – Al hablar estas cosas, muchos creyeron en Él.

Juan nos dice que las personas que escucharon estas palabras creyeron en Él. La combinación de sus palabras desafiantes, la declaración de su divinidad, y la profecía acerca del futuro hicieron su trabajo, y produjeron fe en los corazones de muchos de Sus oyentes. Vemos aquí el ciclo repitiéndose, cuando Jesús declara Su divinidad de alguna manera y la gente cree o no cree, según su voluntad. En este pasaje, algunos de los Fariseos rechazaron lo que dijo y otros, como Juan indica en el versículo 30, acabaron creyendo.

Jesús y Sus nuevos discípulos - 8:31-59

Hemos visto a Jesús enfrentarse a los Fariseos por el problema con una mujer por razón del adulterio y lo hemos visto continuar el diálogo con los Judíos y los Fariseos mientras discuten Su identidad. También hemos visto la división entre aquellos que aceptan Su palabra y creen en Él y los que la rechazan.

En la siguiente sección, Jesús continuará con un diálogo, pero esta vez con los que han creído lo que ha dicho acerca de Sí mismo. Veremos que continúa desafiando a aquellos que dicen que creen en Él, con más afirmaciones acerca de Su divinidad.

Notaremos que, incluso aquellos que tienen una creencia inicial en Él, se apartan cuando los desafía a aceptar más plenamente quien es Él, realmente, y lo que ha venido a hacer.

Vs. 31-32 - Entonces Jesús decía a los judíos que habían creído en Él: Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

En este verso alguien ha hecho una profesión de fe, y Jesús en respuesta dice: "Si sois realmente discípulos míos" (es decir, si lo que decís es cierto), ello quedará probado en que obedecerás y seguirás obedeciendo y creerás lo que digo. La cuestión a la que apunta es que, si ellos continúan creyendo y aceptando Sus palabras, conocerán la verdad y la verdad los liberará de su ignorancia y, eventualmente, de sus pecados.

Vs. 33 – Ellos le contestaron: Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: «Seréis libres»?

Se sienten ofendidos por lo que dice acerca de su libertad y la necesidad de obedecer Su palabra. Afirman ser estirpe de Abraham, lo que significa que son descendientes de Abraham y, por tanto, nunca han sido esclavizados. Esto, por supuesto, no es cierto, como muestra la historia. Los Judíos fueron a menudo arrollados y esclavizados por diversos ejércitos y naciones contrarias. Pero a estos Judíos les gustaba pensar que su relación con Abraham era lo que les hacía ser justos ante Dios y tenían la libertad religiosa garantizada por esta herencia. Rechazan la oferta de libertad de Jesús diciendo: "Siempre hemos sido libres porque somos la simiente de Abraham, no necesitamos que nos liberes espiritualmente".

Vs. 34-38 – Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre. Así que, si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Sé que sois descendientes de Abraham; y sin embargo, procuráis matarme porque mi palabra no tiene cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto con mi Padre; vosotros, entonces, hacéis también lo que oísteis de vuestro padre.

Jesús comienza explicándoles que su esclavitud es el pecado y que, por ello no permanecerán en la casa o en presencia de Dios para siempre. Él, sin embargo, por no tener pecado, permanecerá en presencia de Dios para siempre. Su oferta de libertad consiste en liberarlos de ese pecado y darles una porción de lo que tiene. Reconoce que, culturalmente, están relacionados con Abraham, pero ni siquiera esa relación les protege de su esclavitud en el pecado. Repite que expresa tan solo las cosas que ha visto en persona con Dios y, en cambio, ellos actúan por impulso de su padre, el diablo.

Vs. 39a – Ellos le contestaron, y le dijeron: Abraham es nuestro padre.

Ahora la multitud siente que los está acusando y vuelven con la idea de que Abraham es su padre. En otras palabras, están diciendo que no tienen otro padre más que Abraham.

Vs. 39b-41a – Jesús les dijo: Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. Pero ahora procuráis matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Esto no lo hizo Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.

Jesús responde a su declaración diciendo que, si fueran los hijos de Abraham, no estarían haciendo lo que pretenden hacer, eso es matarlo. Jesús no solo les está acusando de una maldad, sino que al hacerlo, les muestra que está leyendo sus mentes. Termina la sección diciendo una vez más que, por lo que están tratando de hacer, prueban que Abraham no es su padre, porque Abraham nunca pensaría en matar a alguien que les está trayendo la Palabra de Dios.

Vs. 41b – Ellos le dijeron: Nosotros no nacimos de fornicación; tenemos un Padre, es decir, Dios.

Ahora la multitud escala y declara que no solo son hijos de Abraham, sino que Dios es su Padre. Lo que están afirmando es que son hijos de Dios. El insulto tácito en este punto es que Le acusan de haber nacido de fornicación. Están insinuando que Su propio nacimiento fue puesto en cuestión por las condiciones en las que María concibió. Le están diciendo: "Bueno, al menos no somos ilegítimos".

Vs. 42-47 – Jesús les dijo: Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais, porque yo salí de Dios y vine de Él, pues no he venido por mi propia iniciativa, sino que Él me envió. ¿Por qué no entendéis lo que digo? Porque no podéis oír mi palabra. Sois de vuestro padre el diablo y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Él fue un homicida desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira. Pero porque yo digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros me prueba que tengo pecado? Y si digo verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no escucháis, porque no sois de Dios.

Jesús retoma lo que dicen acerca de que su padre es Dios y les da la espalda diciéndoles que, si fueran de Dios, Le amarían porque venía de Dios. Sin embargo, dado que Le rechazan y tienen la intención de matarLe por lo que está diciendo, prueban que la fuente de sus vidas no es Dios, sino el mismo diablo, cuya naturaleza está llena de mentiras y agresión. En el último versículo o dos, resume su argumento diciendo simplemente que no creen lo que Él dice porque no son de Dios.

Vs. 48 – Contestaron los judíos, y le dijeron: ¿No decimos con razón que tú eres samaritano y que tienes un demonio?

Los judíos obviamente están encolerizados y hacen dos acusaciones:

  1. Es samaritano, en otras palabras, no pertenece a la nación de Israel.
  2. Tiene un demonio y está poseído por las fuerzas de Satán.

Ahora están simplemente enojados y lanzan insultos y acusaciones contra Él para mantenerlo callado.

Vs. 49-51 – Jesús respondió: Yo no tengo ningún demonio, sino que honro a mi Padre, y vosotros me deshonráis a mí. Pero yo no busco mi gloria; hay Uno que la busca, y juzga. En verdad, en verdad os digo que si alguno guarda mi palabra, no verá jamás la muerte.

En estos versículos, Jesús les dice que sus acusaciones y los insultos deshonran a Aquel que es de Dios. Pero también dice que Su deshonra no Le desanima, porque Él no busca su propio honor, sino el honor que debe dirigirse a Dios. Termina diciendo: "Si alguien mantiene Su palabra, tendrá vida eterna". Una vez más termina el debate desafiándolos a creer en Él.

Vs. 52-53 – Los judíos le dijeron: Ahora sí sabemos que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas, y tú dices: «Si alguno guarda mi palabra no probará jamás la muerte». ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham que murió? Los profetas también murieron; ¿quién crees que eres?

Los judíos se abalanzan sobre su respuesta y la usan para apoyar la acusación de que tiene un diablo. Dicen que, si ambos Abraham y los profetas, están muertos, ¿cómo puede afirmar que puede ofrecer Él vida eterna? Se giran y lo desafían preguntando: "¿Eres más grande que Abraham?" Al final, le están diciendo, básicamente, ¿quién te crees ser?

Vs. 54-56 – Jesús respondió: Si yo mismo me glorifico, mi gloria no es nada; es mi Padre el que me glorifica, de quien vosotros decís: «Él es nuestro Dios». Y vosotros no le habéis conocido, pero yo le conozco; y si digo que no le conozco seré un mentiroso como vosotros; pero sí le conozco y guardo su palabra. Vuestro padre Abraham se regocijó esperando ver mi día; y lo vio y se alegró.

Jesús retoma su última pregunta y les responde que, si estuviera tratando de glorificarse a Sí mismo, Su gloria no significaría nada, pero si Su gloria viene de Dios, entonces Él está verdaderamente glorificado. Una vez más, se compara con la multitud y les dice que todo se reduce a quién conoce realmente a Dios. ¿Conoce Él a Dios o son ellos? La prueba de que conoce a Dios es que Él obedece a Dios y pronuncia solo la palabra de Dios y ellos no. Si no fuera así, sería un mentiroso, como ellos; pero como es así (que sólo habla la palabra de Dios, que sólo hace lo que Dios le encomienda), entonces Él es el Hijo legítimo de Dios y no ellos.

Termina diciendo que la persona que dicen ser su padre, Abraham, estaba feliz sabiendo que un día Jesús vendría, y cuando por fe lo vio, le hizo feliz. Jesús está diciendo esto de tal manera que sugiere que Él mismo estaba allí cuando Abraham entendió la promesa del Mesías. Esto desafía a la multitud una vez más y le dan a Jesús una respuesta.

Vs. 57 – Por esto los judíos le dijeron: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Nuevamente, los judíos solo aceptan la naturaleza y humanos de Jesús, no la divina. Ven solo su edad física y afirman que no es posible que Él haya visto realmente Abraham en persona. Por supuesto, esto sería así si Jesús fuera sólo un hombre, pero como también es el Hijo divino de Dios, estaba presente cuando Abraham vivió y puede hacer esta afirmación.

Vs. 58 – Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy.

En su respuesta a los Judíos acerca de haber visto a Abraham, Jesús no solo dice que vio a Abraham, sino que la forma en que lo expresa resulta muy remarcable. Al decir " En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy" Jesús se está refiriendo al tiempo que Moisés hablaba con Dios y preguntaba a Dios quién debería decir que lo envió a Egipto. Dios dijo a Moisés: Entonces dijo Moisés a Dios: He aquí, si voy a los hijos de Israel, y les digo:

«El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros», tal vez me digan: «¿Cuál es su nombre?», ¿qué les responderé? Y dijo Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y añadió: Así dirás a los hijos de Israel: «YO SOY me ha enviado a vosotros»
- Éxodo 3:13-14

Los Judíos estaban muy familiarizados con este pasaje y reconocieron que Jesús se había referido a Sí mismo de la misma manera que Dios Todopoderoso se había referido a Sí mismo. Esto, por supuesto, resultaba blasfemo para sus oídos, el hecho de que un simple hombre declarara y se diera a sí mismo el nombre de Dios. Pero dado que Jesús era el Hijo de Dios, estaba suficientemente legitimado para ello. Sin embargo, los Judíos, no creyendo esto, vieron una blasfemia digna de la condena a muerte.

Vs. 59 – Entonces tomaron piedras para tirárselas, pero Jesús se ocultó y salió del templo.

Juan luego describe como la gente trató de apedrearlo a muerte por lo que dijo. Como resultado, Jesús se escondió y salió del templo por seguridad. Es irónico que el capítulo comienza y termina con un intento de apedrear a alguien hasta la muerte.

Resumen

Vemos una vez más a Jesús continuando su diálogo con una diversidad de personas. Vemos también el ciclo continuo de la revelación de Su persona, junto a la creencia o incredulidad de las personas. En este capítulo, hemos observado tres ejemplos diferentes de este ciclo que se lleva a cabo:

  1. Los fariseos, tratando de atraparLe y siendo burlados, se van con incredulidad. La mujer que se queda atrás se va con perdón y sentido de fe en Cristo.
  2. Jesús hablando a la multitud, animándolos a creer en Él y continuando con un diálogo sobre la fuente de Su vida. Una vez finalizado este diálogo, algunas personas no creyeron, si bien otros volvieron a la creencia inicial.
  3. Jesús dialogando con los que muestran interés y creen en Él. Los desafía a obedecer Su palabra para poder ser libres de su pecado. La gente tropieza con esta petición por su orgullo. Sienten que, como descendientes de Abraham, no tienen necesidad de que alguien se ocupe de sus pecados. Creen que su herencia cultural es suficiente para hacerlos justos ante Dios. Jesús les enseña que necesitan un Salvador que los libere de sus pecados sin importar cuál sea su patrimonio cultural y religioso. Estas mismas personas que creyeron en él, rápidamente se vuelven contra él, porque no están dispuestas a reconocer su pecado de orgullo. Encontramos al final del capítulo que las mismas personas que empezaron a creer en él rápidamente se volvieron en Su contra y dispuestos a matarLe por lo que les había dicho.

Lecciones

Todavía hay lecciones un par de lecciones que podemos extraer de este diálogo, a pesar de que repite el ciclo y el patrón de discusión que Jesús ha tenido con estas personas en el pasado.

1. Jesús vino para el perdón, no para el juicio.

En la historia de la mujer adúltera vemos que el propósito de la venida de Jesús era perdonar a la gente. Por supuesto, habrá un juicio que está por venir, pero la razón principal de la aparición de Jesús fue abrir la puerta para permitir que el perdón y la gracia entren en la vida de las personas. Necesitamos recordar esto cuando veamos a otros que han cometido errores o que han pecado. Nuestra tarea es conducir a las personas al perdón, no a formar una pandilla y/o turba para llevar a cabo justicia.

2. La obediencia separa a los hombres de los niños.

Independientemente de lo que la gente diga sobre sus convicciones religiosas o su conocimiento de la Biblia, es su obediencia a la Palabra de Dios que determina su relación con Dios. Haciendo lo que Dios quiere que hagamos en adoración, ministerio y relaciones con otras personas probamos que somos Su pueblo.

3. Jesús siempre está probando a sus discípulos.

Incluso las personas que decían creer en Él eran sometidas a las pruebas de Jesús. Las desafió para alcanzar un nivel superior haciendo que dependieran de Él para su salvación.

Esto ofendió su orgullo y los puso en su contra. En muchos momentos de nuestras vidas somos probados por el Señor, a través de lo que decimos, hacemos o cómo Le respondemos. Debemos ser conscientes de ello y recordar que en cualquier momento puede poner a prueba nuestra fe. Si nos encontramos apartándonos, descuidándoLe, poniendo menos énfasis en Su Palabra, o enfriándonos en nuestro amor hacia Él, estas son señales seguras de que hemos caído en desobediencia. Debemos tener cuidado en no devenir complacientes, porque en ese momento es cuando suelen venir las pruebas.

Tarea de lectura: Juan 9:1-41