Exaltar a Cristo por encima de todo

Cuando Jesús fue transfigurado delante de Pedro, Santiago y Juan, los discípulos presenciaron una escena impresionante: Cristo en gloria radiante, conversando con Moisés y Elías. En ese momento abrumador, Pedro sugirió impulsivamente construir tres tabernáculos, uno para cada figura. Lucas añade rápidamente el comentario aleccionador, "sin saber lo que decía" (Lucas 9:33).
¿Por qué fue esto un error? Pedro, quizás sinceramente, no logró distinguir entre Jesús y los grandes representantes de la Ley y los Profetas. Al proponer santuarios iguales, colocó involuntariamente a Jesús al mismo nivel que Moisés y Elías. La voz del Padre corrigió inmediatamente el error: "Este es mi Hijo, mi Elegido; escúchenlo" (Lucas 9:35). Cristo no es uno entre muchos: Él es supremo.
Esta lección sigue siendo vital para nosotros hoy. En nuestro afán por honrar a héroes espirituales, tradiciones de la iglesia o lealtades denominacionales, a veces podemos difuminar la línea entre respetar a los siervos humanos y exaltar a Cristo como Señor. Citamos a predicadores como si su palabra fuera definitiva, elevamos tradiciones familiares como si tuvieran peso divino, y construimos "santuarios" a personalidades o prácticas que—aunque buenas—nunca pueden rivalizar con el mismo Cristo.
Los creyentes modernos deben protegerse contra un peligro sutil pero real: confundir la reverencia por personas o instituciones piadosas con la devoción a Jesús. La iglesia necesita líderes, maestros y tradiciones, pero ninguno de estos puede reemplazar al Hijo de Dios. Cuando lo hacen, nuestro enfoque cambia de escucharlo a aferrarnos a ellos.
La instrucción del Padre sigue siendo verdadera: "Escúchenlo a Él." Solo Cristo tiene las palabras de vida eterna (Juan 6:68). Solo Su sacrificio redime. Solo Su resurrección asegura nuestra esperanza. Nuestros maestros, por muy fieles que sean, señalan hacia Él; nuestras tradiciones, por muy significativas que sean, deben inclinarse ante Él.
El error de Pedro fue corregido rápidamente por el mismo cielo. Nuestro llamado hoy es aprender de ello, asegurándonos de que nuestros corazones, hogares e iglesias nunca compartan la gloria de Cristo con otro.
Línea clave: La fe madura cuando dejamos de construir santuarios para otros y comenzamos a escuchar solo a Jesús.
- ¿Por qué la sugerencia de Pedro de construir tres tabernáculos demuestra una incomprensión del papel único de Jesús?
- ¿De qué manera los creyentes modernos colocan involuntariamente tradiciones o maestros al lado de Cristo?
- ¿Cómo podemos asegurarnos de que nuestro enfoque permanezca en escuchar a Jesús por encima de todo?
- ChatGPT (OpenAI)
- Mateo Henry, Comentario sobre toda la Biblia
- El Evangelio de Lucas (NICNT) por Joel B. Green
- Comentario Bíblico del Expositor, Vol. 8: Lucas por Walter L. Liefeld

