En esta lección, repasaremos las 11 apariciones registradas de Jesús después de su resurrección y ascensión final al cielo.
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En nuestro capítulo anterior, vimos la descripción que efectúa Juan de la muerte, sepultura y resurrección del Señor. Constatamos cómo dedicó poco tiempo a la descripción de los detalles de todo ello, centrándose más en la reacción de algunas personas ante estos eventos:

  • Pilato, que lo condenó.
  • Los soldados, que torturaron y mutilaron su cuerpo y, al hacerlo, se cumplió la profecía.
  • José y Nicodemo, que lo enterraron.
  • María Magdalena, que fue la primera discípula en descubrir la tumba vacía después de su resurrección.
  • Pedro y Juan, que fueron los primeros apóstoles en ver evidencias de su resurrección en la tumba vacía.
  • Y una vez más, María Magdalena, quien regresó a la tumba y fue la primera realmente en ver y hablar con Jesús tras Su resurrección.

Juan examina a todos ellos y va describiendo sus diferentes grados de fe, a medida que testifican y se ven afectados por cada etapa de la muerte, sepultura y resurrección del Señor. Al retomar el evangelio de Juan en el capítulo 20:19, veremos cómo Juan describe la aparición e interacción real de Jesús con Sus apóstoles tras Su resurrección.

Tres apariciones

La Biblia registra, al menos, once apariciones de Jesús una vez resucitado:

  1. Aparición a María Magdalena (Marcos 16:9-11; Juan 20:11-18)
  2. Aparición a las otras mujeres que estaban con ella (Mateo 28:8-10; Marcos 16:8)
  3. Aparición a Pedro (Lucas 24:34; 1 Corintios 15:5)
  4. Aparición a dos discípulos en el camino a Emaús (Lucas 24:34)
  5. Aparición a los Apóstoles sin Tomás (Marcos 16:14; Lucas 24:36; Juan 20:19-23)
  6. Aparición a los apóstoles con Tomás (Juan 20:24-29)
  7. Aparición a los apóstoles junto al mar de Galilea (Juan 21:1-24)
  8. Aparición a los Apóstoles en la montaña para asignarles la gran comisión (Mateo 28:16-20; Marcos 16:15-18; 1 Corintios 15:7)
  9. Aparición a 500 y a Jaime (1 Corintios 15:6-7)
  10. Aparición a los Apóstoles en el momento de Su ascensión (Marcos 16:19; Lucas 24:50-53; Hechos 1:9-12)
  11. Aparición al apóstol Pablo después de su ascensión (1 Corintios 15:8)

Puede que estas no sean las únicas apariciones, pero son las únicas que registra la Biblia. Juan, en sus capítulos finales, elige describir solo 4 de las 11 apariciones y luego lleva a cabo algunas declaraciones resumidas para poner fin a su evangelio.

Jesús se aparece a los Apóstoles 20:19-23

Juan ya ha descrito la primera aparición de Jesús a María Magdalena y ahora cambia de escena, para pasar a la de los Apóstoles. Mientras, el Señor se ha aparecido a las otras mujeres y, en privado, también a Pedro.

Vs. 19-20 – Entonces, al atardecer de aquel día, el primero de la semana, y estando cerradas las puertas del lugar donde los discípulos se encontraban por miedo a los judíos, Jesús vino y se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Y diciendo esto, les mostró las manos y el costado. Entonces los discípulos se regocijaron al ver al Señor.

Nótese que, aun cuando los Apóstoles conocen de la resurrección por los informes de las mujeres, de Pedro y de los discípulos de Emaús, todavía se encontraban asustados y confundidos, y permanecían en habitáculos cerrados. Temían ser asesinados por los Judíos, de la misma manera que lo había sido su líder. Si Él pudo ser asesinado, ¿cómo podrían sobrevivir ellos? Téngase en cuenta también que Pedro no es capaz de calmar sus temores, ni siquiera con la noticia y evidencia de la resurrección de Cristo.

Jesús simplemente aparece entre ellos. Ya no está limitado por la debilidad humana y ahora pone de manifiesto el poder de Su estado glorificado.

Les saluda con una expresión común, pero viniendo de Él, un saludo que significa mucho más. Su aparición, verdaderamente, traerá paz a sus corazones atribulados. Están convencidos de que Él no es un fantasma o una alucinación o sueño, como ponen de manifiesto las cicatrices en sus manos y costado. Esta es la primera vez que se regocijan, no lo habían hecho antes con las noticias que otros les habían proporcionado sobre la resurrección.

Vs. 21-23 – Jesús entonces les dijo otra vez: Paz a vosotros; como el Padre me ha enviado, así también yo os envío. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, estos les son perdonados; a quienes retengáis los pecados, estos les son retenidos.

En estos versículos, Jesús hace tres cosas importantes:

  1. Les encarga, en nombre del Padre, que continúen Su obra consistente en conducir a todos los hombres a Dios.
  2. Les entrega el Espíritu Santo para que more en ellos, cumpliendo de este modo Su promesa -capítulo 16-. Ya habían sido bautizados para cumplir el mandato de Dios a través de Juan el Bautista; ahora que Jesús ha resucitado, reciben el don del Espíritu Santo. Una vez empiecen a predicar el evangelio, aquellos que respondan recibirán el mismo don del Espíritu Santo de Jesús en las aguas del bautismo (Hechos 2:38).
  3. Les concede autoridad para llevar a cabo la gran comisión. Mediante su predicación y enseñanza, el pecado será perdonado o retenido, dependiendo de la respuesta de los oyentes.

La aparición a Tomás - vs. 24-29

La próxima aparición ocurre una semana después, nuevamente a los Apóstoles, pero esta vez con Tomas presente.

Vs. 24-25 – Tomás, uno de los doce, llamado el Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Entonces los otros discípulos le decían: ¡Hemos visto al Señor! Pero él les dijo: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y meto el dedo en el lugar de los clavos, y pongo la mano en su costado, no creeré.

Juan explica la renuencia de Tomas a creer. Su incredulidad no le lleva a pecar ni a abandonar a sus compañeros Apóstoles. Simplemente establece condiciones sobre Dios, antes de aceptar por completo la resurrección de Cristo. "Lo creeré cuando lo vea".

Vs. 26-29 – Ocho días después, sus discípulos estaban otra vez dentro, y Tomás con ellos. Y estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos, y dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Acerca aquí tu dedo, y mira mis manos; extiende aquí tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Respondió Tomás y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron.

Jesús aparece de nuevo y proporciona la prueba que necesita Tomás. Amonesta a Tomas y le anima a creer. Tomas muestra su creencia al declarar su fe y adorar a Jesús. Esta es otra forma de poner de manifiesto nuestra fe, adorando al Señor.

En Su respuesta, el Señor amonesta a Tomás porque éste se negaba a creer a través de la visión y testimonio de otros (de las mujeres, de Pedro, de los discípulos de Emaús, de los otros Apóstoles); quería verlo por sí mismo.

Mientras Jesús estuvo con ellos, ello era posible y el Señor cedió gentilmente a la petición de Tomás, pues tal es el amor y piedad del Señor. Sin embargo, en el futuro, la fe tendría que fundamentarse en la visión y testimonio de los demás (los Apóstoles y sus escritos) y Jesús pronuncia una bendición dirigida a los que creen de este modo. Tomás estaba allí, vio, pero la bendición que Jesús pronuncia no le incluye, solo a aquellos - como nosotros- que creen sin ver.

Conclusión y resumen #1 - 20:30-31

Vs. 30-31 – Y muchas otras señales hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro; pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre.

Juan termina su evangelio, a todos los efectos, en el versículo 29. Lo termina con una proclamación de fe propia de quien ha visto por sí mismo las pruebas. Un último ejemplo del ciclo de fe que hemos visto repetido una y otra vez en su evangelio.

Su primer cierre, por tanto, es una declaración resumida que describe cuál era el propósito de su libro. Lo escrito en este libro es tan solo una parte de los milagros, las enseñanzas, los eventos en la vida de Jesús, pero han sido registrados como testimonios para conducir al lector al ciclo de fe.

Todas las historias de fe o incredulidad conducen a preguntar al lector mismo, para que decida él o ella si será contado entre los creyentes o los incrédulos.

Aparición a los Apóstoles junto al mar - 21:1-24

En orden cronológico, esta sería la séptima vez que Jesús aparece, pero Juan la selecciona para su tercer ejemplo. Resulta extraño que, una vez hecha su declaración y resumen final, Juan agregue otra descripción de la interacción de Jesús con los Apóstoles tras Su resurrección. Algunos académicos afirman que el capítulo debió ser agregado por otra persona en otro momento. La investigación bíblica muestra, no obstante, que no obra ninguna copia del evangelio de Juan sin el capítulo 21. Lo que significa que siempre ha mantenido este formato. Por lo tanto, Juan es el autor del capítulo 21 si bien la forma en que fue escrito puede haber variado respecto de los primeros 20 capítulos. Comentaremos esto más adelante.

El capítulo 21 podría considerarse un "epílogo", la parte que viene tras la historia principal.

Vs. 1 – Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a los discípulos junto al mar de Tiberias, y se manifestó de esta manera.

Juan prepara el escenario y el evento que tendrá lugar. Nótese que Jesús aparece en Jerusalén, en Galilea y entre estas dos áreas; tanto a mujeres, como a hombres, a individuos y grupos; en interiores, en exteriores, de noche y de día; todo ello durante un período de 40 días. A diferencia de otros líderes religiosos o profetas de los que hay una sola aparición y suele ser para una sola persona en un lugar apartado, Jesús aparece en cualquier lugar y a muchos.

Vs. 2-3 – Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dijo: Me voy a pescar. Ellos le dijeron: Nosotros también vamos contigo. Fueron y entraron en la barca, y aquella noche no pescaron nada.

Los Apóstoles todavía se encuentran juntos, esperando el siguiente paso en su ministerio: han visto al Señor y han recibido la morada del Espíritu Santo.

Pedro está alterado, impaciente con toda esa espera, de modo que decide volver a su actividad de pesca que le es familiar. Puede que se hayan visto necesitados de dinero o de comida porque sus partidarios deben haberse escondido tras la crucifixión. Una escena familiar comienza a desarrollarse, mientras faenan toda la noche y no pescan nada.

Vs. 4-6 – Cuando ya amanecía, Jesús estaba en la playa; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Entonces Jesús les dijo: Hijos, ¿acaso tenéis algún pescado? Le respondieron: No. Y Él les dijo: Echad la red al lado derecho de la barca y hallaréis pesca. Entonces la echaron, y no podían sacarla por la gran cantidad de peces.

Jesús aparece de nuevo y les llama interesándose por la pesca, y ellos Le responden obedeciendo y probando en el otro lado de la barca. El milagro se produce de manera instantánea y logran una captura completa en ese lado.

Vs. 7-8 – Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba, dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Oyendo, pues, Simón Pedro que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se la había quitado para poder trabajar), y se echó al mar. Pero los otros discípulos vinieron en la barca, porque no estaban lejos de tierra, sino a unos cien metros, arrastrando la red llena de peces.

Al igual que María Magdalena, cuyo dolor y ansiedad impidieron reconocer al Señor, el hecho de que Pedro estuviera centrado en la tarea en cuestión le impide reconocer al Señor, hasta que Juan señala hacia Él. El entusiasmo de Pedro es tal que no puede esperar a que la barca se acerque y se echa al mar para llegar a la orilla. Los otros continúan en ella, no queriendo perder la captura.

Vs. 9-11 – Entonces, cuando bajaron a tierra, vieron brasas ya puestas y un pescado colocado sobre ellas, y pan. Jesús les dijo: Traed algunos de los peces que habéis pescado ahora. Simón Pedro subió a la barca, y sacó la red a tierra, llena de peces grandes, ciento cincuenta y tres; y aunque había tantos, la red no se rompió.

Habían pescado peces, sin embargo Jesús ya tenía una hoguera encendida ¡con pescado y pan preparado para ellos! La mejor traducción de lo que Jesús les dice es: "…antes de venir a comer conmigo, ocuparos de los peces que habéis capturado".

Han capturado muchos peces que aún no han sido clasificados. Su desayuno se está cocinando, de modo que Jesús les dice que se ocupen de la captura. Lo hacen y una vez los peces más pequeños o no comestibles han sido devueltos al mar, quedan 153 peces. No hay simbolismo en el número de peces. Juan proporciona estos pequeños detalles para completar la viveza de la escena, la actividad muy real y natural que estaba teniendo lugar en un momento extraordinario. Una jornada de pesca habitual y un desayuno normal en un grupo normal, excepto que Jesús, el Señor resucitado, está presente. En otras palabras, el evento es extraordinario pero no extraño ni onírico.

Vs. 12-14 – Jesús les dijo: Venid y desayunad. Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: ¿Quién eres tú?, sabiendo que era el Señor. Jesús vino, tomó el pan y se lo dio; y lo mismo hizo con el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos, después de haber resucitado de entre los muertos.

Juan continúa con su descripción práctica de un momento muy especial en el que los Apóstoles se sientan tranquilamente a comer lo que Jesús les ha preparado. Saben quien es Él y lo excepcional de todo ello, y Juan agrega que esta es la tercera aparición ante ellos como grupo. Juan es el único escritor del evangelio que describe las tres apariciones de Jesús a los Apóstoles como grupo sin otras personas presentes: sin Tomas, con Tomás, y cerca del Mar de Galilea.

Vs. 15-17 – Entonces, cuando habían acabado de desayunar, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos? Pedro le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Apacienta mis corderos. Y volvió a decirle por segunda vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo por tercera vez: Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se entristeció porque la tercera vez le dijo: ¿Me quieres? Y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.

Sabemos que Jesús ya se había aparecido a Pedro estando solo (Lucas 24:34; 1 Corintios 15:5) pero no tenemos información de esta reunión. Dado que Jesús ya le ha incluido entre los fieles Apóstoles cuando dijo a las mujeres que "... decir a Sus discípulos y a Pedro" (Marcos 16:7), podemos suponer que Pedro recibió el perdón por su pecado de negación en ese momento. Él estaba también con los Apóstoles cuando Jesús apareció, les brindó el Espíritu Santo y les autorizó a ir por el mundo como Jesús fue enviado al mundo (Juan 20:19-23).

Este diálogo entre ellos, por tanto, fue registrado para restaurarlo públicamente, para confirmar su apostolado y ministerio, y para reconocer su arrepentimiento y la aprobación del Señor. Y lo hace a través de tres preguntas:

Pregunta #1: ¿Me amas más que ellos?

Esta es una referencia a su antiguo yo jactancioso ("Estoy listo para morir por ti"), una afirmación de que su amor era superior a los otros Apóstoles. Jesús pregunta: "¿Es tu amor aún mayor que el de éstos?"

Respuesta #1: Pedro, humillado por sus fracasos pasados, responde más en consonancia con la verdad. El Señor conoce el alcance de su amor. Él ya no reclama más de lo que el Señor sabe que es verdadero. Por esta respuesta más honesta y realista, Jesús le da la comisión de liderazgo pastoral. Esto no hace ser a Pedro el líder de los Apóstoles; él no debe alimentar a los otros Apóstoles, sino guiar y alimentar al rebaño (los creyentes) como los otros apóstoles. Ellos no habían traicionado a Jesús como él lo había hecho, no necesitaban ser restaurados en su papel apostólico como Él hizo.

Pregunta #2: ¿Me amas?

Esta vez no se produce comparación con los otros. Después de todo lo sucedido (las negaciones) ¿realmente me amas? Las acciones de Pedro no habían nacido del amor, sino del miedo y la autoconservación.

Respuesta #2: Pedro responde de la misma manera, poniendo su confianza en Jesús y en la capacidad del Señor para ver el corazón de Pedro, sabiendo que el amor que siente es verdadero.

Jesús refuerza esto para señalar a Pedro nuevamente, indicándole que invirtiera y dirija su amor por Jesús en el cuidado del rebaño. En otras palabras, así es como Me probarás tu amor: cuida a mis ovejas. El primer mandato redirige a Pedro a su tarea, el segundo le da la motivación para ello.

Pregunta #3: Jesús pregunta por tercera vez sobre su amor.

Respuesta #3: La angustia de Pedro parte del hecho que esta tercera pregunta aclara el propósito de todas las preguntas, y es decir, depurar las tres negaciones anteriores, y de forma pública. Pedro abandonó el círculo del apostolado con tres categóricas negaciones del Señor. Jesús le restituye públicamente con tres afirmaciones de amor y con la confianza en que Jesús conoce su corazón. El Señor termina de nuevo con una advertencia: que se preocupe incluso de las más pequeñas y débiles de su rebaño. Ahora que Pedro conocía el fracaso, la debilidad y la dependencia total, estaba listo para cuidar de estas almas dentro de la familia de Dios.

Vs. 18-24 – En verdad, en verdad te digo: cuando eras más joven te vestías y andabas por donde querías; pero cuando seas viejo extenderás las manos y otro te vestirá, y te llevará adonde no quieras. Esto dijo, dando a entender la clase de muerte con que Pedro glorificaría a Dios. Y habiendo dicho esto, le dijo: Sígueme. Pedro, volviéndose, vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el que en la cena se había recostado sobre el pecho de Jesús y había dicho: Señor, ¿quién es el que te va a entregar? Entonces Pedro, al verlo, dijo a Jesús: Señor, ¿y este, qué? Jesús le dijo: Si yo quiero que él se quede hasta que yo venga, ¿a ti, qué? Tú, sígueme. Por eso el dicho se propagó entre los hermanos que aquel discípulo no moriría; pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si yo quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti, qué? Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y el que escribió esto, y sabemos que su testimonio es verdadero.

Estos versículos se explican por sí mismos, e incluso tienen por objetivo aclarar la confusión que existía antes de que se escribiera el libro de Juan (80-85 DC). Jesús profetiza el tipo de muerte que Pedro experimentaría, la muerte de un mártir. Se había jactado de que estaba dispuesto a morir de esta manera antes de sus negaciones, ahora Jesús le dice que lo hará (Pedro fue martirizado en Roma en el 64 DC por Nerón, crucificado boca abajo). Ahora que ha sido rehabilitado, su futura muerte por Cristo glorificará a Dios.

Jesús pide a Pedro que Le siga por separado, y se ve a Juan detrás. Pedro pregunta a Jesús sobre Juan y su futuro. Jesús responde que el futuro de Juan está en Sus manos al igual que la de Pedro, y si el Señor quiere que permanezca vivo hasta la segunda venida, es algo que no está en manos de Pedro -no le concierne.

Juan explica que los primeros discípulos entendieron que esto significaba que Juan permanecería vivo hasta el regreso de Jesús. Él corrige este error diciendo que si Jesús hubiese querido esto, habría sido así, no era una promesa. Se identifica a sí mismo como el testigo de los hechos y el escritor del libro para borrar cualquier duda que pueda tener el lector.

Conclusión y resumen #2 - 21:25

Vs. 25 – Y hay también muchas otras cosas que Jesús hizo, que si se escribieran en detalle, pienso que ni aun el mundo mismo podría contener los libros que se escribirían.

El segundo resumen de Juan cierra el libro, pero deja abierta la cuestión de la vida y obra de Jesús. Contiene lo suficiente para fundamentar una decisión de fe, si bien no es, definitivamente, todo lo que hay. Hay mucho más al margen de lo registrado, y que no conoces, pero ello, como ha sido escrito aquí, tendrás que aceptarlo por fe.