En esta sección Juan describe la reacción que varias personas tuvieron ante la milagrosa resurrección de Lázaro.
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En nuestro último capítulo vimos a Jesús realizar su último milagro en público. Mencioné entonces que, en estos últimos 10 capítulos, Juan comprimirá el tiempo y describirá los eventos en las últimas semanas de la vida de Jesús. Estas se componen, principalmente, de los momentos finales de Jesús con Sus Apóstoles y amigos cercanos, una sección a la que muchos comentaristas de la Biblia se refieren como "la Pasión".

Juan, antes de describirlos, nos ofrece una visión de cómo reaccionan los diferentes individuos y grupos al gran milagro en la resurrección de Lázaro de entre los muertos. Nos mostrará cinco reacciones distintas al último milagro de Jesús.

1. María, hermana de Lázaro y Marta

Vs. 1-3 – Entonces Jesús, seis días antes de la Pascua, vino a Betania donde estaba Lázaro, al que Jesús había resucitado de entre los muertos. Y le hicieron una cena allí, y Marta servía; pero Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con Él. Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro que costaba mucho, ungió los pies de Jesús, y se los secó con los cabellos, y la casa se llenó con la fragancia del perfume.

Jesús tenía la costumbre de quedarse con sus amigos en Betania cuando viajaba a Jerusalén en fiestas para predicar y enseñar a la gente. Su casa estaba a 80 millas al norte de Capernaum, cerca del Mar de Galilea.

La Pascua fue la fiesta más importante y con mayor asistencia en el calendario Judío, si bien Jesús iba allí no solo por estas razones. Sabía que había llegado su hora y estaba allí por ese motivo.

Marta, fiel a su naturaleza, estaba organizando la cena (esta vez sin quejarse de su hermana) y Lázaro, milagro andante y testigo, estaba en la mesa. En los relatos de Mateo y Marcos sobre este episodio, se menciona que María ungió la cabeza de Jesús; Juan simplemente agrega el hecho de que ella también ungió Sus pies.

El hecho de secar los pies con su cabello es significativo porque una mujer -en dicha cultura- no mostraría su cabello en público y, ciertamente, menos a un grupo de hombres (sólo había hombres en la cena porque hombres y mujeres no se reclinaban juntos a comer). Su acción expresaba que ponía su honor a los pies de su dueño. La utilización de todo un costoso ungüento (el nardo es una planta de la India que proporciona la esencia para el perfume) y la forma en que lo hizo fue un perfecto acto de humildad, devoción y honor al Señor. Humildad porque su cabeza estaba a los pies del Señor. Devoción porque utilizó todo el ungüento. Honor porque Jesús fue el punto focal absoluto de esta acción (ella no ungió a los demás). La reacción de María puso de manifiesto su fe en Jesús, no como amigo o maestro, sino como el divino Señor hacia quien dirigía su adoración y amor.

2. Judas Iscariote

Vs. 4-8 – Y Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que le iba a entregar, dijo: ¿Por qué no se vendió este perfume por trescientos denarios y se dio a los pobres? Pero dijo esto, no porque se preocupara por los pobres, sino porque era un ladrón, y como tenía la bolsa del dinero, sustraía de lo que se echaba en ella. Entonces Jesús dijo: Déjala, para que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis.

Judas podría haber objetado esta acción por varios motivos. Que un espectáculo tal resultaba demasiado ostentoso para un profeta de Dios, o demasiado vistoso para un simple rabino de Galilea. Pudo haber comentado también que era impropio que una mujer fuera tan atrevida en una reunión mixta. Éstas hubieran podido ser reproches legítimos si Jesús fuera un hombre corriente y un rabino. En cambio Judas, revelando su naturaleza, apunta al valor del ungüento y se queja del desperdicio que produce la acción. El perfume valía el salario de varios meses, en aquellos días. Su acusación consiste en reprochar a Jesús que está desperdiciando dinero en autoglorificación en lugar de cuidar de los pobres.

Juan, en un comentario editorial, revela su verdadera motivación, la codicia y la deshonestidad que lo cegaban de ver la realidad ante sus propios ojos. Judas estaba sentado con el resucitado -Lázaro- y aun así continuaba obrando malvadamente en ese momento, acusando a Jesús de pecar y derrochar. La reacción de Judas frente a la resurrección de Lázaro fue la propia de un corazón endurecido. No aprovechó esta oportunidad para cambiar de opinión y continuó reforzando su trayectoria pecaminosa.

Jesús, sin embargo, no deja pasar su acusación. Defiende los actos de María por múltiples razones. Su fe y devoción estaban bien puestas sobre Él. Él es especial, y este fue un acto digno. Los pobres estarían siempre y no era el único recurso que tenían, habían estado ayudando en el pasado y lo seguirían haciendo en el futuro; pero en ese momento era lo mejor que se podía hacer con dicho recurso. Su muerte estaba próxima y este acto brindaba la oportunidad de hacer referencia a la misma y prepararse. Jesús con Su respuesta reprocha a Judas y elogia a María.

3. Los líderes judíos

Vs. 9-11 – Entonces la gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí; y vinieron no solo por causa de Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Pero los principales sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro; porque por causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús.

La situación es ahora crítica para los líderes Judíos, porque va haciéndose evidente que están en el lado equivocado de la barrera. La resurrección de Lázaro ha electrificado a la gente y la noticia se ha extendido. Los líderes dirigen -en principio- pero van perdiendo el control de su autoridad sobre la gente muy rápidamente. Su plan para arrestar y matar a Jesús incluye ahora a Lázaro, porque está causando tanto revuelo como Jesús por todo lo sucedido. Los líderes reaccionan con la misma incredulidad y miedo que habían mostrado desde el principio, de forma constante, solo que ahora están decididos a actuar, no hay marcha atrás.

4. Las multitudes

Vs. 12-19 – Al día siguiente, cuando la gran multitud que había venido a la fiesta, oyó que Jesús venía a Jerusalén, tomaron hojas de las palmas y salieron a recibirle, y gritaban: ¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel. Jesús, hallando un asnillo, se montó en él; como está escrito: No temas, hija de Sión; he aquí, tu Rey viene, montado en un pollino de asna. Sus discípulos no entendieron esto al principio, pero después, cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que esto se había escrito de Él, y de que le habían hecho estas cosas. Y así, la multitud que estaba con Él cuando llamó a Lázaro del sepulcro y lo resucitó de entre los muertos, daba testimonio de Él. Por eso la multitud fue también a recibirle, porque habían oído que Él había hecho esta señal. Entonces los fariseos se decían unos a otros: ¿Veis que no conseguís nada? Mirad, todo el mundo se ha ido tras Él.

Tras el milagro de Betania y su difusión, se formó una gran multitud alrededor de Jesús, que Le acompañó hacia Jerusalén. Iban bendiciendo y alabando Su nombre y conduciéndoLe a la ciudad como un rey, como un líder victorioso.

Las palabras que utilizaban provenían de frases de diferentes Salmos, lo que indicaba la creencia que tenían puesta en Él como Mesías. Las ramas de palmera representaban la vida y la salvación para los Judíos. El que fuera cabalgando sobre un burro era cumplimiento directo de la profecía de Zacarías (Zacarías 9:9) respecto de la manera en que el Mesías haría entrada en la ciudad. Jesús vino con mansedumbre y gracia, cabalgando sobre un tipo de animal humilde (un burro), no un caballo o un carro como hacían los reyes terrenales.

Juan señala que, tras Su resurrección, los Apóstoles se darían cuenta de la importancia profética y de la rigurosidad de este momento. Juan también hace notar que la resurrección milagrosa de Lázaro es lo que galvanizó a sus seguidores para esta entrada triunfante y entusiasta en la Ciudad Santa para la Pascua.

Juan menciona los comentarios de los Fariseos que miraban impotentes. Decían que el mundo entero (es decir, todo su mundo) se había vuelto del lado de Jesús (por el momento) y no había nada que pudieran hacer al respecto.

5. Los Gentiles (griegos)

Vs. 20-26 – Y había unos griegos entre los que subían a adorar en la fiesta; estos, pues, fueron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaban, diciendo: Señor, queremos ver a Jesús. Felipe fue y se lo dijo a Andrés; Andrés y Felipe fueron y se lo dijeron a Jesús. Jesús les respondió, diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo; pero si muere, produce mucho fruto. El que ama su vida la pierde; y el que aborrece su vida en este mundo, la conservará para vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga; y donde yo estoy, allí también estará mi servidor; si alguno me sirve, el Padre lo honrará.

Para los líderes Judíos solo había una cosa peor que tener a la gente del lado de Jesús y perder su posición. Y era que, a los no Judíos, se les permitiera también seguir a Jesús y ambos grupos devinieran uno. Este pasaje hace una leve ilusión a esto. Sucederá solo en el futuro, una vez el evangelio sea predicado más allá de Judea y Pablo traiga los Gentiles a la Iglesia.

Sin embargo, Jesús prepara el escenario de este evento futuro, aquí. Los Griegos eran Gentiles conversos a los que se les permitía participar en las fiestas y en la adoración, si bien sólo desde el patio exterior de los Gentiles. Jesús probablemente estaba en el patio de hombres, separado de ellos. Ellos (que conocían a Felipe) pidieron que Él se les acercara para tener un encuentro personal. Felipe lo comenta con Andrés (círculo interno), tal vez debido al problema que podría causar que Jesús hablara con los Gentiles en el área del templo.

Finalmente, transmiten la petición a Jesús, quien responde, no pasando a reunirse con ellos sino haciendo una declaración general que les afectaría en el futuro lejano. Él aprovecha esta petición para declarar dos eventos:

  1. Se acercaba el comienzo de Su Pasión. Su sufrimiento muerte y resurrección iban a suceder pronto, no el próximo año o la próxima década, sino ya. Esto puso de manifiesto que Él lo sabía anticipadamente, lo declaró y lo aceptó. Él era el grano de trigo sembrado en la tierra de muerte, que produciría una gran cosecha de almas.
  2. Aquellos que Le sigan deberán tomar una decisión difícil: entre esta vida, este mundo o la vida y el mundo venidero, no hay medias tintas, lo uno o lo otro. Y vivir de manera acorde.

Estas declaraciones fueron una buena noticia para los Griegos que habían pedido una reunión privada. Jesús dijo públicamente -no en privado- que cualquiera (no solo los judíos) que quisiera servirLe podía hacerlo siguiéndoLe.

Los Griegos reaccionaron con el deseo de acceder a Jesús y el Señor les ofrece (y a todos los que Le sigan, sean Judíos o Griegos) la oportunidad de tener pleno acceso, no solo a Él mismo, sino también al Padre de manera eterna.

El ciclo continúa

Juan cambia el paso, en este punto, y vuelve al ciclo familiar en el que Jesús hace una declaración y se produce una reacción de creencia o de incredulidad.

Vs. 27-43 – Ahora mi alma se ha angustiado; y ¿qué diré: «Padre, sálvame de esta hora»? Pero para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y le he glorificado, y de nuevo le glorificaré. Por eso la multitud que estaba allí y la oyó, decía que había sido un trueno; otros decían: Un ángel le ha hablado. Respondió Jesús y dijo: Esta voz no ha venido por causa mía, sino por causa de vosotros. Ya está aquí el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si soy levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo. Pero Él decía esto para indicar de qué clase de muerte iba a morir. Entonces la multitud le respondió: Hemos oído en la ley que el Cristo permanecerá para siempre; ¿y cómo dices tú: «El Hijo del Hombre tiene que ser levantado»? ¿Quién es este Hijo del Hombre? Jesús entonces les dijo: Todavía, por un poco de tiempo, la luz estará entre vosotros. Caminad mientras tenéis la luz, para que no os sorprendan las tinieblas; el que anda en la oscuridad no sabe adónde va. Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de la luz. Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos. Pero aunque había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en Él, para que se cumpliera la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor? Por eso no podían creer, porque Isaías dijo también: El ha cegado sus ojos y endurecido su corazón, para que no vean con los ojos y entiendan con el corazón, y se conviertan y yo los sane. Esto dijo Isaías porque vio su gloria, y habló de Él. Sin embargo, muchos, aun de los gobernantes, creyeron en Él, pero por causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más el reconocimiento de los hombres que el reconocimiento de Dios.

Encontramos aquí cuatro voces mezcladas en el diálogo.

  1. Jesús declara que la hora (es decir, el "tiempo") de Su muerte está cerca y mediante ella dará cumplimiento a Su razón de estar aquí y ser glorificado (honrado). En otras palabras, pondrá de manifiesto quién es Él, realmente. También declara que, a través de esta muerte, Él derrotará a Satanás y le arrebatará su poder para condenar a la humanidad por sus pecados. Ahora habrá perdón de los pecados y cumplimiento de las exigencias de la Ley a través de Su cruz.
    • También atraerá a toda la humanidad hacia Sí mismo a través de esta acción, porque la predicación del evangelio a todo el mundo dirigirá a toda la humanidad hacia la cruz para la salvación. Les anima a creer, ha llegado el momento de la fe.
  2. Dios Padre confirma lo que acaba de declarar revelándoSe en voz. Ya había hecho esto antes, en El bautismo de Jesús y en la transfiguración, y lo hace de nuevo ante las multitudes como testimonio de las declaraciones de Jesús.
  3. Las multitudes, las mismas que Le habían alabado cuando entraba en la ciudad, ahora comienzan a expresar sus dudas. No les gusta la idea de un Mesías torturado o muerto; interpretan las Escrituras en el sentido de que el Mesías nunca moriría. Él es eterno y por esa razón es el único que puede ofrecer Su vida como sacrificio por el pecado, porque Él tiene el poder, tanto para entregar Su vida como para tomarla de nuevo. La multitud no entiende esto. Terminan cuestionando y dudando sobre quién es Jesús, realmente. En otras palabras, están diciendo "Este no es el Hijo del Hombre (Mesías) que buscamos, uno que muere. No queremos uno como este".
  4. Juan toma el relevo en este punto, en forma de cuarta voz, y explica la respuesta de Jesús a las dudas de la multitud. Explica que su reacción fue exactamente la que los profetas predijeron sobre cómo reaccionaría la gente ante el Mesías, aun con las señales y milagros realizados. Sus siglos de terquedad y desobediencia les hizo incapaces de ver, incluso cuando la prueba clara estaba ante ellos.

La sección termina con la descripción habitual de Juan acerca de los varios individuos y grupos que creyeron o no creyeron, y el por qué (miedo, codicia, orgullo, etc.).

La advertencia

Vs. 44-50 – Jesús exclamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado. Y el que me ve, ve al que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha enviado me ha dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna; por eso lo que hablo, lo hablo tal como el Padre me lo ha dicho.

En esta última sección Jesús hace una advertencia a todos aquellos que han escuchado sus palabras y han visto sus milagros. Básicamente Su advertencia es doble:

1. RechazarMe es rechazar a Dios.

Al declarar que todo lo que Él dice y hace proviene directamente de Dios Padre, pasa la responsabilidad a sus oyentes. Rechazando a uno, rechazas al otro; aceptando a uno, aceptas al otro.

2. La base del juicio serán Mis palabras.

La luz y las tinieblas se refieren a la verdad, al conocimiento, la salvación y el bien frente a la mentira, la ignorancia, la condena y el mal. Sus palabras eran las palabras de Dios y creerlas y obedecerlas constituiría la base del juicio y de la salvación.

Esta es la última aparición pública y de enseñanza, de modo que Jesús aprovecha para dibujar una línea en la arena, por así decirlo. Estás Conmigo o contra Mí; crees o no crees; estás en la luz o en las tinieblas, estas salvado o no. Cualquiera que sea la categoría, la línea divisoria será cómo sientes y qué crees acerca de Jesucristo. Has escuchado las palabras, has visto los milagros, ¡afróntalo!

Al igual que lo fue entonces, continúa siendo hoy. Predicamos y enseñamos Sus palabras y milagros, Su muerte, entierro y resurrección, y toda la humanidad tiene que elegir si desea creer o no. Tenemos que adoptar la misma decisión, con las mismas consecuencias, hoy.

Tarea de lectura: Juan 13:1-30