Mike analiza dos características importantes de la madurez espiritual y cómo cada una se apoya mutuamente.
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En esta sesión examinaremos los pasos #4 y #5 del proceso de madurez espiritual mientras perseguimos la meta de la piedad divina - lo que todos los cristianos deberían esforzarse por lograr.

En la última sesión concluimos que hacer más sencilla nuestra vida nos ayuda a lograr una mayor intimidad con Dios. Esto es así porque:

  • Eliminar el desorden deja más tiempo para estar con Dios.
  • Estar con Dios o estar más cerca de él permite moldearnos en el carácter de Cristo.

Así que hoy repasaremos el cuarto paso en nuestro camino hacia la madurez cristiana, la virtud de la quietud y su virtud compañera - quinto paso - la solitud.

Disminuyendo el ritmo

Doug Harvey fue un defensa que jugó para los Canadienses de Montreal en las décadas de los 50' y 60'. Era un gran jugador de hockey porque podía cambiar el ritmo del juego por sí solo.

Por ejemplo, podía acelerarlo haciendo que un solo hombre se apresurase a la zona del equipo contrario con el disco; o podía ralentizarlo agarrándose al disco en su propia área defensiva. Como defensa, no marcó muchos goles, pero podía cambiar el ritmo del juego, lo que a menudo animaba a sus compañeros y frustraba a sus oponentes.

Hablando de ritmo, en una escala del 1 (muy lento) al 10 (súper rápido), ¿a qué ritmo dirías que va tu vida, en general? 1 - 10? Otra pregunta, ¿a qué velocidad crees que debes ir para desarrollar la piedad / madurez espiritual?

El salmista explica a qué velocidad aprendemos más acerca de Dios y llegamos a asemejarnos a él. Notarás que el escritor divide este salmo repitiendo la palabra "SELAH" tres veces. Selah significa detener / pausar / cesar.

Con esta instrucción repetida, le está diciendo al lector: "Detente, haz una pausa y deja que esto se asimile". En este salmo, describe la agitación de la naturaleza; el asalto de enemigos; y la violencia de la guerra. Frente a ese nivel de eventos tipo 10 de velocidad, Dios le dice al hombre, detente, haz una pausa y considera que Dios tiene el control, Él está con nosotros y nos protege:

Salmo 46

1Dios es nuestro refugio y fortaleza,
nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
2Por tanto, no temeremos aunque la tierra sufra cambios,
y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares;
3aunque bramen y se agiten sus aguas,
aunque tiemblen los montes con creciente enojo. (Selah)
- Salmos 46:1-3

Comienza diciendo que, a pesar de los desastres naturales, las personas piadosas saben que Dios las ayudará, no hay necesidad de entrar en pánico.

6Bramaron las naciones, se tambalearon los reinos;
dio Él su voz, y la tierra se derritió.
7El Señor de los ejércitos está con nosotros;
nuestro baluarte es el Dios de Jacob. (Selah)
- Salmos 46:6-7

A pesar de los ataques de todo tipo (enemigos, enfermedades, ruina financiera, etc.), Dios todavía puede proteger a su pueblo.

8Venid, contemplad las obras del Señor,
que ha hecho asolamientos en la tierra;
9que hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra;
quiebra el arco, parte la lanza,
y quema los carros en el fuego.
10Estad quietos, y sabed que yo soy Dios;
exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra.
11El Señor de los ejércitos está con nosotros;
nuestro baluarte es el Dios de Jacob. (Selah)
- Salmos 46:8-11

¡Incluso en tiempos de guerra! A las personas piadosas se les dice que se detengan, dejen de esforzarse, se callen, no hagan nada. Esta es la reacción opuesta a la normal: ¡con nuestras vidas moviéndose en el nivel 8-10, nunca se nos pasa por la cabeza el simplemente detenernos! - La mayoría de nosotros no podemos o no queremos hacer esto.

Como consecuencia, perdemos la oportunidad de profundizar nuestro conocimiento de Dios. Simplificar nuestra vida nos acerca a Dios, estar quietos cuando estamos cerca nos permite conocerLe mejor. Si no puedes disciplinar (paso # 1 de nuevo) ... disciplínate para estar quieto, es posible que sepas acerca de Dios, pero no puedes conocerlo personalmente.

Conocerlo es el comienzo de nuestra transformación para llegar a ser como Él. Cuando estamos quietos ante Dios, el Espíritu Santo puede revelar y aclarar el significado y la aplicación de la Palabra de Dios en lo que respecta a nuestras propias vidas. Este entendimiento es lo que cambia nuestro carácter a la imagen de Su carácter. A medida que comprendemos verdaderamente lo que Él está diciendo a través de Su Palabra, nuestra mente y carácter se van volviendo cada vez más parecidos a la mente y el carácter de Cristo:

Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
- Juan 1:14

Ahora el Verbo se hace carne una vez más, pero esta vez en nuestra carne, no en la carne del niño Jesús. Entonces, ¿qué entendemos por quietud? Unas cuantas cosas.

Por ejemplo,

  • No hablar con Dios, sino escuchar en silencio.
  • No preocuparse, sino confiar simplemente.
  • No revisar constantemente nuestras necesidades y temores, sino entregarlos a Dios sin instrucciones. Él ya sabe, no necesita aclaración.
  • No figurar las respuestas y las soluciones adecuadas, sino simplemente esperar pacientemente en Dios.
  • No obrar para nuestra perfección o hacia fuera, sino aceptar la perfección imputada de Dios en Cristo.

Nuestro objetivo no es la quietud del cuerpo (no somos monjes), es la quietud del corazón cuando estamos frente a Dios o cerca de él.

Estad quietos, y sabed que yo soy Dios;
exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra.
- Salmos 46:10

Solitud

La pregunta que surge a continuación es: ¿Cómo cultivamos la quietud? Y la respuesta a ello es el quinto paso hacia la madurez espiritual: la solitud. Así como la sencillez permite la intimidad, la solitud facilita la quietud.

En su libro, Swindoll dice:

La gente rara vez aprende algo mientras está en una multitud.

Mantenerse ocupado a propósito y abarrotar cada momento con actividad es un signo de miedo e inseguridad. Jesús siempre estuvo ocupado, siempre solicitado, pero siempre hizo tiempo para estar a solas (solitud) con el Padre para poder escuchar. No tengas miedo de estar solo y quieto, es incómodo porque no nos es familiar. Date cuenta que la soledad decidida es una inversión en tu desarrollo espiritual.

Aquí hay algunas sugerencias sobre cómo cultivar la quietud a través de la solitud:

  1. Elije un momento y un lugar en el que puedas estar solo durante 30 minutos. Lleva contigo un cuaderno y un bolígrafo.
  2. Deja fluir tu mente para vaciar todos los pensamientos relacionados con la familia, el trabajo, los problemas, los planes y los proyectos. Haz esto hasta que estés tranquilo de mente.
  3. Escribe lo que piensas como una forma de dialogar con Dios, una especie de diario espiritual privado. Deja que esta sea tu forma de practicar el estado de solitud de modo que puedas sentirse cómodo en la solitud y así comenzar a cosechar las recompensas que solo se encuentran allí.

Preguntas de discusión

  1. En una escala del 1 (muy lento) al 10 (super-rápido), ¿cómo calificarías el ritmo de tu vida? ¿Estás satisfecho con el ritmo y por qué?
  2. En tu opinión, ¿cuál es el factor número uno que determina el ritmo de tu vida? ¿Cuál / quién debería ser el factor principal?
  3. Con todos los estímulos y pruebas del cuidado de Dios, ¿por qué crees que tantos creyentes no acuden a Él en tiempos de necesidad? ¿Por qué es esto así?
  4. ¿Qué te impide estar a solas con Dios?
  5. Haz que el grupo detenga toda la discusión y el movimiento durante 10 minutos y deja que cada uno escriba cualquier pensamiento que surja durante ese tiempo. Comparte con el grupo cuando se haya agotado el tiempo.

Nota: Todos los grupos deben realizar este ejercicio silencioso al mismo tiempo. Dejar 10 minutos al final de la sesión para recibir comentarios.