57.

Pensamiento Plano

Es asombroso cómo estar a treinta mil pies en el aire puede darte una perspectiva completamente nueva de la vida. Recientemente, volé a California y, mientras el avión sobrevolaba el desierto y las montañas, me di cuenta de lo diferente que parecía la vida desde este ángulo precario.
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Es asombroso cómo estar a treinta mil pies en el aire puede darte una perspectiva completamente nueva de la vida. Recientemente, volé a California y, mientras el avión cruzaba muy por encima del desierto y las montañas, me di cuenta de lo diferente que parecía la vida desde este ángulo precario.

Por ejemplo, realmente podía ver cuán insignificantes son los seres humanos. Las montañas parecen arrugas, los ríos son cintas y las grandes ciudades no son más que puntos de luz.

Desde esta altura, las personas son indistinguibles de su entorno y se vuelven insignificantes simplemente porque son demasiado pequeñas para ser vistas. Muy parecido a la indiferencia que sentimos hacia el mundo de los insectos porque es mayormente invisible al ojo desnudo.

Este pensamiento pronto dio lugar a la idea más consoladora de que Dios ve y cuida de cada alma, sin importar cuán pequeña le parezcamos. A diferencia de nosotros, que amamos menos a medida que vemos menos, el amor de Dios permanece constante y fuerte independientemente de nuestra cercanía a Él.

Volando sobre la tierra me recordó que era tan necio ser orgulloso y jactancioso cuando en realidad somos tan, tan pequeños y vulnerables. También me enseñó una vez más cuán tierno es Él, para poder comunicarse y manejar con amor a seres tan diminutos y frágiles.

Mis meditaciones fueron interrumpidas por el anuncio del piloto de nuestra llegada y esto me impulsó a hacer evidente mi propia impotencia pidiéndole al Señor la oración más frecuente del piloto: un aterrizaje seguro.

Nota: La traducción de esta lección se ha realizado electrónicamente y aún no ha sido revisada.
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