Eslabón Débil
Lo vi sentarse en el banco durante la mayor parte del juego. Sus ojos miraban suplicantes al entrenador cada vez que se acercaba. Solo una oportunidad para jugar, decían sus ojos, al menos una vez.
Él era el eslabón débil en un equipo que estaba bastante lleno de talento. No era necesario ni útil más que para completar la lista y mantener las líneas laterales pobladas. El equipo sabía que cuando, en las raras ocasiones en que jugaba, todos lo cubrían y el entrenador suspiraba si no se anotaban puntos contra el equipo durante su turno.
Había una cosa acerca de él que los demás sabían, incluso el entrenador. No quería ser el eslabón débil. Con todo su corazón quería ser un héroe, un líder, una amenaza para el equipo contrario. Pero la falta de habilidades y experiencia lo relegaba a su humilde posición y le impedía alcanzar la gloria que tanto deseaba.
En la iglesia, al igual que en los deportes, hay quienes son los eslabones débiles. Su falta de madurez espiritual, conocimiento y compromiso los deja al margen de la vida en la iglesia. Sin embargo, a diferencia de los deportes, se anima a los eslabones débiles que desean ser líderes y tener un impacto a hacerlo.
Recordemos que en la iglesia todos tienen un papel, especialmente los eslabones débiles, porque el propósito del equipo no es glorificar a los fuertes sino animar a los débiles a mantenerse fieles a Cristo. De esta manera, todos contribuyen por igual a la victoria final, tanto débiles como fuertes.


