En los primeros versículos del capítulo uno, Juan retrocede antes del comienzo de los tiempos para presentar a Jesús y su relación con Dios.
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El libro de Juan se atribuye al apóstol Juan, de ahí su denominación. Existen gran número de evidencias internas y externas que lo respaldan y nunca ha sido cuestionado seriamente, de modo que no nos detendremos en argumentos relacionados con su autoría.

Contamos con un buen perfilado de Juan en las mismas Escrituras:

  • Hijo de un pescador adinerado (Zebedeo) - Marcos 1:20
    • Tenía un hermano, Jaime (Santiago; no el escritor de la epístola) - Mateo 4:21-22
  • Era cercano a Jesús, de su círculo íntimo (Transfiguración) y se dice que Jesús lo amaba - Mateo 17; Juan 21
  • Celoso, impaciente, intolerante - Lucas 9:54
  • Jesús le confió a María para su cuidado - Juan 19:26-27
  • Trabajó con Pedro en Jerusalén - Hechos 3

También contamos con escritores de la época que se refieren a Juan en sus escritos y nos aportan más información acerca de él. Policarpo, obispo de Esmirna, revela que:

  • Estableció su hogar y trabajo en Éfeso tras la destrucción de Jerusalén en el año 70 DC, lo cual fue una influencia clave para él y sus escritos.
  • Desde allí escribió este evangelio y tres de sus epístolas, hacia el año 80 DC
  • Finalmente, fue exiliado a la Isla de Patmos por el emperador romano Domiciano, alrededor del 94-96 DC y desde allí escribió el libro de Apocalipsis.

Propósito del evangelio de Juan

Cada escritor del evangelio tenía un propósito al escribir sus libros:

  • Mateo escribe pensando en los judíos, para mostrar que Jesús es el Mesías/Rey.
  • Marcos y Lucas tienen en mente a los gentiles, para mostrar que Jesús es el Redentor que las naciones anhelaban.
  • Juan escribió cuando la diferencia entre judíos y gentiles había desaparecido (tras la destrucción de Jerusalén y el templo, en el 70 DC). Escribe desde Asia Menor donde doctrinas falsas como el gnosticismo estaban desafiando las afirmaciones del cristianismo y, por lo tanto, su propósito es mostrar a Jesús como el Hijo de Dios y que la salvación se logra solo a través de la fe en Él.

Este propósito se resume en Juan 20:30-31...

Y muchas otras señales hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro; pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre.

...y lo desarrolló a lo largo del libro utilizando 3 temas principales (pensemos en el trenzar del cabello de alguien):

  1. Jesús se presenta como un verdadero hombre y también como el Hijo divino de Dios.
  2. El surgimiento y desarrollo de la fe.
  3. El surgimiento y desarrollo de la incredulidad.

Estos temas no se presentan en orden secuencial, sino más bien como tres hebras, que se trenzan juntas para formar una sola narrativa.

Hebra 1: Demuestra la humanidad y la divinidad de Jesús mostrándolo de forma alterna como un hombre, haciendo cosas humanas (comer, llorar) y como divino (haciendo milagros).

Las otras 2 hebras: Entreteje las otras dos hebras - creencia e incredulidad - describiendo cómo la gente reaccionó ante Jesús con fe o rechazo al ser testigos de Su naturaleza dual humana/divina.

El evangelio de Juan describe el objeto de la fe (Jesucristo) y por qué debe ser considerado como tal (milagros, resurrección). También describe el desarrollo de la creencia o la incredulidad a partir del modo en que la gente reacciona ante Él.

Esquema

Cuando entendemos esta idea de trenzar estos tres temas, el esquema del libro adquiere sentido.

Prólogo - 1:1-18

En esta sección inicial, Juan presenta a Jesús como el Hijo de Dios, el Dios/Hombre. Traza la existencia de Jesús desde la era de la creación hasta Su encarnación como ser humano.

Prueba de su divinidad a través del ministerio - 1:19 - 12:50

La siguiente gran sección del libro simplemente trenza las dos hebras de los episodios de creencia e incredulidad en torno a la descripción de Su ministerio. Juan presenta relatos de Sus enseñanzas y milagros con respuestas alternas de creencia e incredulidad.

Prueba de su divinidad a través de su muerte, entierro y resurrección - 13:1 - 21:25

En los capítulos finales, Juan utiliza la misma técnica de descripción de las respuestas alternas de creencia e incredulidad, pero esta vez éstas se establecen en el contexto de Sus últimos días cuando es arrestado, juzgado, torturado, crucificado, enterrado y resucitado.

El enfoque adoptado por Juan en este evangelio fue bastante concreto. Tanto Jesús mismo como quién era son presentados junto a toda una serie de respuestas de creencia e incredulidad de las personas que se hallaban a su alrededor. La idea es que el lector no solo vea a Jesús, sino también a sí mismo reflejado en la reacción de las distintas personas.

Prólogo - 1:1-18

Comenzamos por tanto nuestro estudio con el llamado "prólogo", porque no es una narración sobre la vida o las acciones de Jesús sino una descripción de Él antes de venir a la tierra en forma humana.

Aquí es donde Juan resulta diferente. Empieza con una afirmación declarando abiertamente la naturaleza divina de Jesús, mientras que los otros tres escritores de los evangelios permiten al lector concluir lo mismo a partir de las evidencias que presentan en sus evangelios.

Existía un cierto concepto de la idea de "Verbo/logos" en ese momento:

  • Para los judíos: el Verbo/Logos (griego) era una revelación de Dios. Era algo para ser entendido, puesto en práctica y ser respetado.
  • Para los gentiles/griegos: el Verbo representó la gran "Razón" o "Poder" o "Fuerza" como diríamos hoy. Estar en consonancia con el Verbo/Poder era tener una vida feliz y equilibrada.

Juan, en su prólogo, explica que el significado completo de este concepto es revelado a través de Cristo: Él es el Verbo, Él es el Logos, Él es la Fuerza.

Vs. 1 – En el principio ...

Esto refiere al momento antes de la creación, esa dimensión que existía antes de que el espacio/tiempo continuo en el que vivimos fuera creado.

Juan lleva al lector a ese punto en el que uno está parado en el comienzo del tiempo y mirando hacia atrás en la eternidad.

... existía el Verbo ...

El "Verbo" es un título para Jesús. Los judíos verían la 'revelación de Dios'. Los gentiles leerían 'fuerza / poder'. Juan usa "Verbo" para Jesús porque lo que uno dice es un reflejo de lo que está en su corazón y en su mente. Este título de apertura para Jesús describe la expresión perfecta de la mente de Dios en forma humana.

... y el Verbo estaba con Dios, ...

No es un poder que viene de Dios, como cosa creada o atributo de Dios. No. Es Jesús como persona que coexiste con Dios en un mismo fundamento. En otras palabras, cuando Dios habla, cuando el poder se realiza, Jesús es lo que es dicho, lo que es expresado.

... y el Verbo era Dios.

El Verbo era Dios / Dios era el Verbo.

Juan, un judío devoto, nunca diría: "... y el Verbo era un dios ..." como afirman los testigos de Jehová en sus traducciones del Nuevo Mundo. Ello violaría su creencia monoteísta, para él sería idolatría. Y así en el primer verso, Juan pregunta y responde algunas preguntas básicas:

  • ¿Quién es el Verbo? Dios es el Verbo.
  • ¿Por qué el Verbo es Dios? Porque es eterno (anterior al tiempo); coexiste con Dios; su naturaleza es divina.

Juan, por tanto, da cuerpo a esta idea de Verbo/Logos, mucho más allá de lo que los judíos o gentiles habían pensado:

  • El Verbo es Dios Todopoderoso.
  • Dios se expresa en el Verbo.
  • Dios y el Verbo son uno.
Vs. 2 – Él estaba en el principio con Dios.

Una vez hecha la conexión entre Dios y el Verbo, Juan comienza ahora a conectar a Jesús con el Verbo.

No Le menciona por su nombre, sino que usa el pronombre personal - Él - para conectar a Jesús (a quien mencionará por nombre más adelante) con el Verbo y finalmente con Dios.

Su razonamiento es bastante matemático:

  • Si A (Dios) = B (Verbo)
  • Y B (Verbo) = C (Jesús)
  • Entonces A (Dios) = C (Jesús)

En el próximo verso se completa esta ecuación.

Vs. 3 – Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

Los judíos atribuyeron la creación al poder del Verbo de Dios ("Sea la luz..." en Génesis 1:3). Dios literalmente llamó la creación a la existencia. Los gentiles también vieron el poder de la "fuerza" como agente de la creación.

En este versículo, Juan está conectando el Verbo con la persona de Jesús, haciendo de Él y el Verbo, Uno. La idea es que Jesús, en forma de Verbo, fue el agente de la creación. Esta enseñanza la presenta también Pablo en Colosenses 1:16: "Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra..."

Vs. 4-5 – En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron.

Aquí, Juan enlaza la divinidad con la humanidad en tres pasos:

  1. Dios es el Verbo en la eternidad.
  2. El Verbo es Jesús creando el universo.
  3. Jesús es la vida que trae luz al mundo.

Juan también resume el ministerio terrenal de Jesús:

  • Él es la vida (la esencia de Dios).
  • Su vida trae luz (la verdad de Dios).
  • Su Palabra no está en desacuerdo con nada verdadero, pero revela la respuesta final a todas las preguntas sobre Dios, la salvación, etc.

Juan explica brevemente, al comienzo de su evangelio, lo que sucede al final de su evangelio: Jesús trae la verdad y es rechazado.

Vs. 6-8 – Vino al mundo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan. Este vino como testigo, para testificar de la luz, a fin de que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz.

En estos versículos, Juan describe el papel de una de las principales figuras en el ministerio de Cristo: Juan el Bautista. Más tarde describe el trabajo de Juan y la conexión con Jesús, pero en este punto resume el propósito de Juan. Juan fue un testigo, según las Escrituras, para preparar al pueblo en la venida de la luz/verdad. La mayor parte del ministerio de Juan fue alertar a la gente de que el Mesías iba a venir. Al final, tras bautizar a Jesús, comenzó a señalar directamente al Señor como el Uno que debía venir. A su muerte, la mayoría de sus discípulos comenzó a seguir a Jesús.

Vs. 9-11 – Existía la luz verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de Él, y el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

En este pasaje, Juan repasa y amplía lo mencionado brevemente en el versículo cinco. Efectúa tres puntualizaciones importantes:

  1. Él trajo -consigo y en Él- la capacidad de llevar, a cada persona, al conocimiento de la verdad (luz).
  2. Aun con esta habilidad, el mundo que Él creó lo rechazó.
  3. El pueblo (los judíos) que Él había bendecido especialmente fueron particularmente duros y se negaron a aceptarlo.
Vs. 12-13 – Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.

Este es el evangelio en forma encapsulada.

No explica todo en detalle, sino que ofrece más bien una vista de pájaro acerca de lo que Jesús logró en algunos. Para aquellos que lo recibieron (creyeron), Él los transformó en seres espirituales. No creados por medios reproductivos normales sino por la voluntad de Dios.

Los detalles se dan más adelante, por ahora simplemente resume el hecho de que algunos Lo rechazaron y otros Lo aceptaron. Y para estos, la bendición fue convertirse en una nueva creación que denomina "hijo de Dios".

Vs. 14 – Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

El Verbo hecho carne es la encarnación: De Dios/Verbo a Verbo/Jesús, a Jesús/Hombre. Jesús = el Dios/Hombre. En pocas palabras Juan proclama que Dios Todopoderoso asumió devenir un cuerpo humano.

En este momento habla de su propia experiencia acerca de esto. Nosotros (los apóstoles/Juan) vimos (experimentamos) esta gloria (Dios/Hombre) – una clase de gloria que solo el Hijo (Dios/Hombre) podía irradiar. Y la sustancia de Su gloria (que era lo que hacia de Él glorioso) era Su naturaleza, gracia y verdad divinas (la mente de Dios claramente expresada). El unigénito del Padre.

  • Algunos nunca se convierten en hijos de Dios.
  • Otros se convierten en hijos por adopción, cuando Dios perdona y los limpia del pecado y los adopta como Sus niños.
  • Jesús, sin embargo, es Hijo por naturaleza. Él es el único (unigénito) relacionado con Dios por tener una naturaleza idéntica.

Juan también recuerda a sus lectores la increíble "presencia" que tenía Jesús, lo que hace que el rechazo a Él fuera un pecado terrible.

Vs. 15 – Juan dio testimonio de Él y clamó, diciendo: Este era del que yo decía: «El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo».

Reforzando esta idea del impacto de la presencia de Jesús, el escritor del evangelio se remonta y habla de la obra de Juan el Bautista. Dice que incluso Juan el Bautista, en su testimonio, testificó acerca de la calidad eterna y la posición preeminente del Uno que iba a venir. Por ejemplo, "... el Uno que vendrá fue anterior ... " y Juan fue concebido antes que Jesús. Juan el Bautista sabía y predicó sobre el estatus de Dios/Hombre de Jesús.

Una vez más, la implicación es que su rechazo constituyó un pecado grave porque habían tenido mucha preparación acerca de Su venida y a través de una fuente creíble.

Vs. 16 – Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia.

Jesús es el Verbo y el Verbo es divino y por eso el Verbo está completamente lleno. No puedes agotar el suministro de verdad y gracia que proviene del Verbo/Jesús/Dios al igual que no puedes agotar el suministro de oxígeno al respirar al aire libre. No se puede agotar la cantidad de gracia y verdad que Jesús/Verbo/Dios tiene hacia los pecadores que respiran la gracia y la verdad de Dios a través de la fe en Jesucristo.

Vs. 17 – Porque la ley fue dada por medio de Moisés; La gracia y la verdad se realizaron por medio de Jesucristo.

Moisés recibió la Ley (que contenía la promesa de la gracia y verdad que estaba por venir - Hebreos 10:1) y administró dicha Ley.

Jesús es la sustancia de las promesas que fueron contenidas en la Ley. Sería como la diferencia entre tener la imagen de un artículo que has pedido a través de un catálogo o de internet y tener el producto en tus manos, finalmente.

Juan habla a los judíos aquí dándoles una ilustración gráfica para mostrarles la diferencia entre el Antiguo Testamento y el nuevo Testamento. El uno es promesa (Antiguo Testamento) y el otro es presencia (Nuevo Testamento).

Vs. 18 – Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer.

Ningún hombre ha visto jamás a Dios. Moisés habló directamente y vio la espalda de Su gloria. Pero Jesús, el Dios/Hombre, nos brinda una experiencia de Dios no disponible hasta el momento. Él es capaz de hacerlo debido a su conocimiento íntimo de Dios, teniendo la misma naturaleza y siendo parte de la Deidad con Él. Jesús es capaz de relatar al hombre lo que sabe acerca de Dios, por experiencia de primera mano, como ser divino dentro de la Deidad misma.

Resumen

Juan comienza su evangelio estableciendo el hecho de que ha podido experimentar con sus propios ojos a Dios tomando naturaleza humana para dar al hombre una experiencia íntima y un conocimiento de Él mismo. Como nosotros no podríamos transferirnos a Su reino, Él se transfirió al nuestro.

Llama a este conocimiento "verdad"/"luz". Llama a esta experiencia "vida". Dice que, en su mayor parte, los hombres rechazaron este conocimiento y experiencia. También enumera 3 testigos que proclamaron este conocimiento/experiencia pero no se les creyó:

  • Juan el Bautista y su testimonio de predicación.
  • Jesús mismo y su testimonio de milagros y enseñanzas.
  • Juan el apóstol y su testimonio ocular.

Con el prólogo, Juan establece las tres hebras de su evangelio.

  1. La presencia de Jesús el Dios/ Hombre.
  2. Reacciones de creencia.
  3. Reacciones de incredulidad.

A partir del versículo 19, comenzará a entrelazar estas tres hebras para componer su registro evangélico.

Tarea de lectura: Juan 1:19-34