Ganando la Guerra
El viejo adagio, "Ganar la batalla, perder la guerra", es una advertencia para aquellos involucrados en una lucha de que es importante mantener la vista en aquello por lo que se está peleando.
Con frecuencia se observa este principio en los deportes amateurs, donde un jugador pierde el control y se retira en venganza contra un oponente que de alguna manera lo está provocando. La satisfacción momentánea se pierde cuando el árbitro penaliza al equipo, lo que generalmente conduce a perder el juego, que era precisamente el objetivo del concurso desde un principio.
El apóstol Pedro habla de esta idea cuando nos enseña cómo enfrentar las provocaciones de Satanás. Los ataques del diablo pueden ser en las áreas física, emocional, financiera o espiritual de nuestras vidas. Cuando somos el objetivo de los planes de Satanás, Pedro dice que debemos "mantenernos firmes" (1 Pedro 5:9), porque independientemente de la naturaleza de su ataque, el propósito verdadero es siempre el mismo: destruir nuestra fe en Cristo.
A veces pensamos que la guerra es por nuestra salud, o la familia, o el éxito en el trabajo. Estos son solo los campos de batalla. La verdadera guerra no es acerca de conservar o perder estas cosas, sino de permanecer fieles al Señor a pesar de los problemas que enfrentas. Esto es siempre de lo que trata la guerra, sin importar qué batalla estés luchando.
Recordemos que si permanecemos firmes en nuestra fe, habremos ganado la guerra, aunque perdamos alguna batalla ocasional.


