83.

El Silencio del Cordero

Entonces Pilato tomó a Jesús y lo azotó (Juan 19:1). Cuando trato de imaginar la realidad de estas palabras, me indigno. ¡Qué atrevimiento, qué arrogancia, qué ignorancia monumental para un funcionario pequeño y sin Dios descargar tal humillación sobre el Autor de la Vida!
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Pilato, pues, tomó entonces a Jesús y le azotó.

- Juan 19:1

Cuando trato de imaginar la realidad de estas palabras, me indigno. ¡Qué atrevimiento, qué arrogancia, qué ignorancia monumental para un funcionario mezquino y sin Dios derramar tal humillación sobre el Autor de la Vida!

Mis propios sufrimientos son tan miserablemente insuficientes cuando mido la degradación que el Inocente soportó a manos de este pagano. Cuán pequeñas son mis heridas comparadas con las Suyas. Cuán inmensamente infantiles parecen mis quejas cuando se comparan con la grotesca agresión que Él recibió.

Si hubiera cenizas y una camisa áspera para vestir en nuestro tiempo, me las pondría para señalar mi indignidad y vergüenza por haber llevado alguna vez una sola queja a Su oído. Por ahora, este breve ensayo servirá para recordarme Su silencio en el sufrimiento—no, Su silencio en el sufrimiento injusto causado en parte por mis propias ofensas.

Mi oración es que Él me perdone por haber pronunciado alguna vez una palabra que excediera la suya cuando fui ofendido. Por Su silencio, me avergüenzo y guardo silencio; por Sus heridas, soy sanado de palabras habladas en vano.

Nota: La traducción de esta lección se ha realizado electrónicamente y aún no ha sido revisada.
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